La historia de Mali poscolonial para entender el conflicto actual

Marta Fernández Pena

El objetivo de este artículo es realizar un análisis de la breve historia de Mali como país independiente tras la colonización francesa hasta la actualidad, con el fin de explicar porqué este país es actualmente uno de los menos seguros del mundo, con un conflicto armado latente en la nación. Los factores históricos, étnicos, religiosos y económicocriminales son esenciales para comprender las causas de la conflictividad en el norte de Malí pues son las razones profundas del conflicto. El análisis de éstos, permitirá contextualizar los acontecimientos recientes, y contribuirá, en parte, a entender la situación de inestabilidad política que afecta a todo Malí y se expande a la región del Sahel.

Antecedentes

En el territorio del actual Mali y países colindantes del Sahel se constituyeron varios de los Imperios más poderosos de África hasta la Edad Contemporánea. Imperios como el de Ghana, el Imperio de Mali o el Imperio Songhay se sucedieron históricamente en territorio maliense hasta la colonización francesa en la década de 1880. Su diversidad étnica, con etnias como la bambara, fulani, solinké o tuareg, las diferentes hermandades musulmanas como los Tijaniyyah o los muridíes caracterizan al país saheliano con una enorme heterogeneidad.

Durante la época colonial, los líderes malienses utilizaron el islam para ejercer el control sobre la población. Se dio así una suerte de alianza factual entre los líderes religiosos islamistas y los líderes políticos para establecer las bases de la economía, sociedad y cultura poscolonial. Es lo que Andrew F. Clark califica como “brotherhood leadership”. Bien es cierto que la manera de relacionarse cambia a lo largo del tiempo, la tendencia colaboracionista entre la religión y la política se fue fraguando a medida que transcurrieron las décadas, toda vez que se demostró como eficaz para controlar a la población. De esta manera, los líderes más populares en la época colonial tardía fueron aquellos que cooperaron con el estado secular, cosa que no ocurría en momentos previos, donde los líderes más populares eran aquellos que promovieron acciones violentas contra las instituciones imperiales.

Independencia. De la dictadura a la democracia

En toda esa diversidad étnica y religiosa, tras la caída del imperio francés, se constituye la Federación de Malí (junto a Senegal, país en el que los Tijaniyyah son también muy numerosos pero dominan los muridíes), para meses después separarse y constituir las Repúblicas de Mali y Senegal. En el momento de la independencia, ambos países tienen profundas raíces musulmanas, con hasta un 80% de la población en el caso de Mali que se consideraba musulmán. Ello no es óbice para que la sociedad fuera muy heterogénea, como se expuso con anterioridad, y como veremos, las refriegas militares beben en gran medida de esa heterogeneidad.

La constitución de la República de Mali tiene lugar el 22 septiembre de 1960 y el otrora presidente de la extinta Federación de Mali, Modibo Keita, se proclama presidente, instaurando un sistema unipartidista en el país. El estado entró a formar parte de las naciones unidas dos años después de proclamarse su independencia. Dicho gobierno adoptará un control fuerte de la economía, acercándose, en un contexto bipolar, al bloque soviético liderado por la URSS. La creación de entes monopolísticos públicos como la Sociedad Maliense de Importación y Exportación es uno de los hechos que lo ilustra.

Ello no será obstáculo tampoco para que Keita, musulmán no practicante, decida involucrar al país en la Confederación Islámica por el peso social que esta característica conllevaba. También han de quedar claras, como punto preliminar al ensayo, que las posturas panafricanistas de Keita marcan su tiempo en el Gobierno. Mali es uno de los tres estados fundadores de la Unión de Estados Africanos, ente primigenio de la actual Unión Africana. Nos encontramos por tanto, ante la configuración de un estado multiétnico asentado sobre tres bases principales. Por un lado, la religión como método de arrastre y popularidad hacia la población; por otro, una postura panafricanista muy ligada a otros movimientos de liberación nacional de los años 50-60 en el continente y por último un control de la economía y la política enmarcado en un mundo bipolar, situando al país en la esfera de influencia de la URSS.

Este primer período abarca hasta 1968, cuando Keita es víctima de un golpe de estado militar. Las continuas amenazas a la seguridad y estabilidad del país serán una constante a lo largo de los años, pero durante el gobierno de Keita, su popularidad fue disminuyendo conforme pasaban los años y enfrentó una primera revolución de la etnia Tuareg en 1963. La principal causa fue el empeoramiento de las condiciones económicas pero también el carácter marcadamente dictatorial del presidente, que no fue capaz de mantener de su lado a los líderes religiosos, sin los que gobernar el país era francamente complicado. El golpe de estado de noviembre de 1968 conllevó la instauración de una dictadura militar presidida por Moussa Traoré. Las políticas económicas de esta dictadura militar fueron lo opuesto en comparación con las del régimen de Keita. Se dejó de lado el control centralizado de las estructuras económicas, se procedió a la liberalización de determinados sectores y mejoraron las relaciones exteriores, en un contexto en el que países vecinos como Senegal o Marruecos se alineaban más con la órbita americana. Todo ello, junto a un discurso abiertamente religioso que constituía Mali como un país musulmán aunque con una Constitución secular, contentó a las élites religiosas y popularizó durante los primeros años de su mandato a Traoré.

Sin embargo, a medida que pasaron los años, los comportamientos seguidos por el régimen de Traoré, hicieron evidente que su estrategia principal no era la potenciación y alineación con las distintas hermandades y tribus, sino que precisamente arrinconarlas al extremo, buscando las alianzas internacionales que fueran necesarias para tal fin. Este hecho, al igual que ocurrió con Keita, implicó el rechazo de las tribus y los líderes religiosos al régimen, con una respuesta represiva hacia las diferentes etnias y culturas, teniendo como principal apogeo la segunda revolución tuareg en 1990. Meses más tarde, en marzo de 1991 un nuevo golpe de estado militar (encabezado por Amadou Touré) depone a Traoré, esta vez bajo la promesa (que el año siguiente se consumaría) de convocar unas elecciones libres para devolver la capacidad de decisión al pueblo. Las primeras elecciones abiertas y libres en Mali tienen lugar en 1992, con la elección de un académico ajeno a la práctica religiosa como fue Alpha Oumar Konaré. Tuvo que enfrentarse rápidamente a las refriegas contra los tuaregs, con motivos étnicos más que religiosos, pero en términos generales, durante el primer mandato de Konaré, se acercaron posturas con los tuareg tras la segunda revolución previamente mencionada. Este presidente renovó su mandato presidencial en 1997 en medio de un boicot por parte de la oposición y en las elecciones de 2002 perdió el poder en manos de Amadou Touré, que, como se mencionó anteriormente, había participado en el golpe de estado que depone al dictador Traoré.

El mandato de Amadou Toumani Touré, comienza en el 2002 y es reelegido también en el año 2007 . Es el último presidente de Mali antes de que en 2012 estalle el conflicto con los tuareg, con proclamas independentistas, escudados en la mala gestión de Touré durante esa década. De nuevo, los poderes fácticos malienses, entran en conflicto tras 20 años de relativa estabilidad. El descontento de las tribus y de las hermandades musulmanas, así como el continuo empobrecimiento de la población durante el mandato de Touré son las causas principales del estallido del conflicto. Así pues, cabe decir que desde 1992 Malí fue considerado un caso ejemplar de democracia estable en África hasta que en 2012 estalla el conflicto. Sin embargo, la realidad de las últimas dos décadas no ha sido tan idílica y, especialmente en los últimos 10 años el país se ha caracterizado por un letargo intermitente de golpes de Estado de origen militar.

Los tuareg

Como afirma Mazarrasa (2012), un elemento que hay que tener presente es el papel desempeñado por las tribus consideradas inferiores en la jerarquía de cada comunidad étnica9 . El pueblo tuareg es seminómada y, actualmente, se compone por una decena de clanes abarcando, aproximadamente, a un millón y medio de personas. Su comunidad no se basa en una adscripción étnica ya que un tuareg es aquel que habla tamasheq y vive según esta centenaria cultura (se basa en la adscripción cultural). Los tuareg están presentes en los territorios de Mali, Níger, Argelia y Libia. El pueblo tuareg no es el más numeroso en Malí pero a causa de las históricas reivindicaciones por su independencia y su control del tráfico de mercancías en el desierto del Sahara es una de las tribus más conocidas del país. Desde 1960 las nuevas fronteras y la imposición del modo de vida occidental, pero también las graves consecuencias de la crisis climática en la región, llevó a los tuareg a encontrarse en situaciones de control que ellos mismos no reconocían.

La creación de movimientos e insurgencia dieron lugar a las primeras revueltas tuaregs en 1962 a las que siguieron otras. El motivo de la revuelta, que duró 4 años, fue la nueva política territorial del gobierno maliense porque afectaba directamente a las tierras ancestrales de los tuaregs en el norte del país. En los años 90 se produjo la segunda rebelión más importante y, podría decirse que mucho más madura por la profundidad de sus propuestas, cuyo objetivo era la constitución de un estado independiente. Ahora había germinado un sentimiento de independencia y una búsqueda de un estado propio tuareg. En 1992, y con el nuevo gobierno de Konar, se alcanzó un alto el fuego y dando lugar a los Acuerdos de Tamanrasset. Éstos preveían el establecimiento de la región semiautónoma de Kidal, aunque respetando, eso sí, la integridad territorial de Mali. Sin embargo, los siguientes gobiernos de Bamako no respetaron los acuerdos firmados con los tuareg y esto supuso el incremento paulatino de la tensión en el norte del país.

La presencia de grupos extremistas violentos de corte yihadista también se ha ido produciendo de manera gradual desde que, a finales de los 90, el Grupo Islámico Armado de Argelia tuvo que abandonar el país. Así pues, uno de sus principales destinos fue Mali, país en el que pretendían propagar su interpretación yihadista radical del islam. Otros grupos salafistas fueron llegando a la región de Azawad, incluido el AQMI. Para entender qué ocurre después, es importante destacar que, aunque los tuareg son en su mayoría musulmanes, no son radicales ni muy religiosos, y por esa razón en 2006 se aliaron con el ejército de Mali para combatir la presencia del AQMI. A pesar de esta tendencia general entre la tribu, sí hubo facciones más violentas de tuareg que decidieron aprovechar la experiencia bélica de aquellos que llegaban de Libia. En todo este clima de tensión y violencia, nace en 2012 el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA) quien, ante el golpe de estado que se produjo el 22 de marzo de 2012 en Malí, declaró la independencia de Azawad. Este movimiento de los tuareg, apoyado en un principio por los grupos radicales de la región, rápidamente se volvió contra ellos produciendo conflicto y disputas por el territorio que acabó con la expulsión de los tuareg de la zona.

Conclusiones

La guerra en Malí nace de una amalgama de circunstancias que se han superpuesto generando el caos en el país desde 2012: la inestabilidad política y los continuos golpes de estado en el gobierno de Mali, la fuerte presencia del crimen organizado en el Sahel, los retos planteados por los grupos yihadistas que van moviéndose a distintas áreas del país y la rebelión tuareg que les llevó a enfrentarse al gobierno central han contribuido a avivar el conflicto y a dificultar su resolución.

La Seguridad en el Mediterráneo: los retos medioambientales en el Magreb y su impacto en los flujos migratorios

Marta Fernández Pena

Existen numerosos desafíos para la seguridad de los países del Mediterráneo que se ven exacerbados por el cambio climático que se está produciendo a nivel global. El aumento de las temperaturas, el descenso de las precipitaciones y, por lo tanto, de las reservas de agua, o la disminución de recursos energéticos tienen consecuencias notables en la seguridad de la región. A lo largo de las siguientes páginas se analizará el impacto que tiene sobre la seguridad alimentaria y las migraciones.

El análisis multifactorial que se va a llevar a cabo aspira a identificar las amenazas medioambientales en la región para demostrar que el cambio climático ya está teniendo consecuencias en el Mediterráneo, tanto a nivel físico y de los ecosistemas, como impactos en los modelos de sociedad y económicos existentes. Los impactos (reales o potenciales) derivados del cambio climático, se traducen en movimientos y flujos poblacionales que desestabilizan los modelos de sociedad imperante hasta el momento (rural y urbano) e incrementan la presión sobre los recursos existentes (que son más escasos). Por último, todas estas amenazas del Magreb impactan en la UE que ha visto cómo los migrantes africanos están buscando perspectivas de futuro en suelo europeo y quieren llegar a él a toda costa.

Seguridad Medioambiental: el cambio climático y su impacto en la región mediterránea

El concepto de seguridad medioambiental sigue sin encontrar una definición ampliamente aceptada por los diferentes actores del panorama internacional. Este desacuerdo conceptual se hace evidente en la región euro-mediterránea, donde sigue sin encontrarse una definición común a pesar de los esfuerzos, por ejemplo de la Unión Europea, por armonizar las políticas internas de sus miembros en este sentido . Tras algunos años de debate, existe una aceptación general en cuanto a que el medioambiente y la seguridad sí deben entenderse como dos áreas solapadas, aunque siguen sin ser un aspecto prioritario en la región2¡ . A continuación, se expone un breve análisis sobre los factores medioambientales en la región, y más concretamente para el Magreb, que se entienden como amenazas a la seguridad.

En 1997, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) presentó un informe en el que se entendía que el cambio climático potenciaba los riesgos de la región mediterránea debido a la sensibilidad de los recursos hídricos ante este fenómeno. Así pues, este informe daba pie a profundizar en las investigaciones sobre las consecuencias del cambio climático en torno a los 6 sectores más vulnerables en el Magreb: los recursos hídricos, los recursos naturales y la biodiversidad, los asentamientos humanos e infraestructuras, la salud, la desertización y la seguridad alimentaria. Para poder llevar a cabo este análisis es necesario, en primer lugar se atenderán a las características geográficas y climáticas por un lado y a las características socioeconómica, geopolíticas y demográficas, por otro, ya que éstas proporcionarán la información necesaria para poder elaborar los potenciales escenarios futuros sobre el efecto del cambio climático en la región.

Para empezar, cabe destacar que la temperatura media anual del Mediterráneo se encuentra 1,5 ° C por encima de los niveles de finales del siglo XIX y 0,4 ° C por encima de la media global y las predicciones de los expertos prevén que esta subida de las temperaturas incremente como los escenario realizados por el CIRCE, prevén que las temperaturas suban entre 1-1,5ºC en invierno y entre 1,75-2ºC en verano. Por otro lado, la OMM anunció en 2019 que el incremento medio respecto a la época preindustrial era ya de 1,1 grados centígrados. Mientras que los escenarios tomados por Marquina (son de 2003 y ya se anuncian como “optimistas”) prevén un incremento de 0,2ºC cada 10 años, el mismo organismo cree que en 2019 será de 0,2ºC cada lustro. Estos ascensos de la temperatura provocarían que la región esté expuesta a sequías, olas de calor o incendios forestales (es decir, fenómenos meteorológicos extremos) y a la degradación del suelo, los alimentos y el agua, que se padecerá más países como Argelia o Marruecos, especialmente durante las estaciones cálidas. También el ciclo del agua ha sufrido significativas modificaciones durante los últimos años a causa del descenso en el nivel de precipitaciones, hecho que es notable en el Magreb (según el informe del IPCC de 2014). Todos estos cambios tienen unos impactos preocupantes tanto físicos y sobre los sistemas naturales, como sobre los sistemas humanos de la región.

En cuanto a los impactos físicos cabe destacar el avance en la desertización de los territorios de los países del Magreb (se calcula de el 57% del territorio del Norte de África está amenazado por este fenómeno) siendo Libia el país con mayor amenaza y seguido por Marruecos y Túnez. La desertización disminuirá la cantidad de agua disponible (un grave problema que se atenderá en breve) y conllevará pérdidas en la biodiversidad y se verá agravado por las prácticas forestales agresivas. Todo ello tiene consecuencias en la configuración sociodemográfica de los países promoviendo un éxodo rural que incrementa la presión en las zonas costeras. Otro hecho que preocupa en la región es la subida del nivel del mar a causa del deshielo de los polos que amenaza a las zonas costeras y a los deltas (como el del Nilo), donde se encuentran la mayor parte de las tierras cultivables y los grandes núcleos urbanos de estos países y que afectaría considerablemente a su economía. Tanto la desertización como la subida del nivel del mar, consecuencia de condiciones climáticas extremas, irán acompañados de una pérdida de los ecosistemas terrestres y marinos incrementando hasta un 40% el riesgo de extinción de un gran número de especies. Así pues, con estos fenómenos incidiendo impactando en los desiertos, ríos y zonas costeras afectan a los sistemas humanos de las zonas rurales y urbanas, comprometiendo su estabilidad económica, social y política. La agricultura es uno de los sectores más vulnerables ante estos cambios en los ecosistemas cuya afectación implicaría la pérdida de medios de vida humanos, pudiendo desencadenar, además del éxodo rural ya mencionado, migración forzada y conflicto violento.

El problema del impacto de los recursos hídricos

Una de las mayores vulnerabilidades de la región mediterránea, agravada por las consecuencias del cambio climático observadas anteriormente, es la disponibilidad y el acceso al agua. Aunque en el Mediterráneo vive un 7,3% de la población mundial, en este territorio sólo se concentra el 3% de las fuentes de agua dulce del globo. Esta escasez de los recursos de agua está comprendida como un potenciador de los conflictos en la región y, por lo tanto, los gobiernos de estos países necesitan invertir en tecnología y logística para el óptimo almacenamiento y suministro de agua. Uno de los principales retos a los que se enfrenta la región para hacer frente a la escasez de agua es el rápido crecimiento de su población, incrementando la demanda (un crecimiento del 2% anual) y su concentración en núcleos urbanos, aumentando la presión sobre los recursos disponibles, ya de por sí escasos, y erosionando la infraestructura hídrica que los gobiernos deberán preservar (se calcula que en el año 2050, 400 millones de personas vivirán en ciudades en la región MENA).

Además de los retos demográficos, otra consecuencia de la disminución de recursos de agua será la alteración en la estructura económica, ya que la agricultura es el sector principal en la mayoría de los países de la región MENA y es esta actividad la que mayor porcentaje de agua requiere (un 67% del total en la media mundial e incrementándose al 79% del agua total disponible de Marruecos, Túnez y Libia). Así pues, como la mayoría de los países MENA sufren estrés hídrico, éste se ve agravado por el cambio climático y tiene consecuencias importantes en la disponibilidad y en la producción de alimentos . Si a esto se le suma la proyección demográfica explicada anteriormente, el acceso a agua potable para la agricultura disminuirá y esto podría tener graves consecuencias en la oferta de alimentos para la población.

Para acabar este apartado y poder entender mejor qué consecuencias tiene la falta de agua en los países del Mediterráneo, se va a atender brevemente al caso de Egipto, que ha llamado la atención internacional debido a la polémica en torno a la construcción de la Gran Presa del Renacimiento de Etiopía. Esta presa, que empezó a construir Etiopía en el año 2011, cuando se llene por completo, disminuirá en un 25% el agua disponible en Egipto y exacerbará los desafíos internos: tanto el veloz crecimiento demográfico, como los costos de los subsidios gubernamentales, ligado a una infraestructura deficiente que malgasta agua así como la abundancia de prácticas contaminantes, se verán todos ellos afectados. Para paliar estas consecuencias y evitar un conflicto regional, en 2015, Egipto, Etiopía y Sudán firmaron la Declaración de Jartum, que promovía un enfoque regional liderado por Egipto para asegurar la buena gestión de la presa y de las consecuencias del cambio climático (como la escasez de recursos hídricos). En el siguiente apartado, se atenderá más detenidamente a qué consecuencias tiene la construcción de la presa en la agricultura egipcia y, por tanto, en la seguridad alimentaria del país.

La Seguridad Alimentaria en el Magreb

La seguridad alimentaria es un factor clave que explica la no dependencia de los estados del sector exterior. Un país que consiga ser autosuficiente en todos los productos que consuma, será capaz de satisfacer todas las necesidades de su población, y además no tendrá que importar productos y no generará déficit en su balanza comercial que pueda causar tendencias inflacionistas. Además, conseguirá tener un sector agrícola y ganadero interno potente que sea un motor de su economía. Por ello, tanto en la esfera social, como factor reductor de pobreza (cabe recordar que la pobreza en África es un fenómeno rural y no urbano), como en la económica y la productiva, la seguridad alimentaria es de un interés crucial para cada una de las naciones. Asimismo, el crecimiento de la población, que experimenta cambios en su dieta a causa del incremento de las rentas, implica una mayor demanda de alimentos, se prevé que los rendimientos de la pesca y la ganadería disminuyan debido al cambio climático.

En el presente apartado se abordará la temática relacionada con la seguridad alimentaria en torno a tres grandes rasgos. Primero, las dinámicas internas de ese sector agrícola en los países del norte de África; segundo, la tendencia demográfica que tienen estos países (entendida en clave de pirámide poblacional, pero también en el dualismo rural urbano); y, por último, las amenazas climáticas y sus potenciales consecuencias, a nivel nacional pero también individual (migraciones climáticas, al que se dedicará un subepígrafe especial).

Sectores agrícolas

En los países del Magreb, no se puede hablar de un único sistema agrícola, pero sí que pueden identificarse una serie de tendencias que nos ayuden a comprender la situación actual de cada uno de los países y sus retos en torno a la (in)seguridad alimentaria. Las realidades poscoloniales de Marruecos, Egipto, Túnez y Argelia son bien distintas, con estructuras agrarias arcaicas en el caso de Marruecos, Argelia y Túnez y algo más avanzadas en Egipto, especialmente en torno al delta del Nilo (que posteriormente veremos como una de las principales amenazas climáticas). Marruecos se desarrolló (y todavía lo hace) en torno a una agricultura dual que enfrenta las plantaciones de secano (fuente de la dieta local, mayores en número y muy menores en dimensión) frente al cultivo de regadío, orientado hacia productos cítricos para su exportación y competitividad externa.

Mientras tanto, Argelia optó por un desarrollo temprano basado en la autogestión de los campesinos (fellah) que rápidamente reestructuró para buscar una mayor productividad, asimilándose a la experiencia marroquí. Sin embargo, el desarrollo del sistema agrícola argelino difiere en los resultados de su vecino y es que resulta difícilmente explicable sin tener en cuenta los excedentes financieros obtenidos por la empresa estatal SONATRACH, que permitió programas de reinversión muy ambiciosos en el campo. Actualmente, las políticas agrarias se estructuran en torno a planes quinquenales, con el fin de mejorar la competitividad de sus productos y adaptar la producción a las necesidades de una población que ha visto incrementada sus rentas. El caso tunecino, que es el país más pequeño de todos ellos, por lo que el desarrollo de su sector agrícola, en una localización más cercana a la costa y con menos superficie sahariana que sus vecinos, resulta más equilibrado y auto-centrado. Las políticas aplicadas por el gobierno tunecino también persiguieron la modernización del sector, pero su estrategia fue muy similar a la dual aplicada en Marruecos. Así, actualmente Túnez es un exportador neto de aceites y dátiles, mientras que importa productos esenciales de la dieta de su población como los cereales (hasta un 70% de los consumidos fueron importados) o azúcar.

Por último, cabe mencionar el caso egipcio, pues las consecuencias del cambio climático (especialmente de la escasez de agua), sumado al impacto de la presa construida por Etiopía en el año 2011, mencionada en el apartado anterior, hace peligrar al sector de la agricultura en el país. La dimensión de la problemática se observa en varios datos, como que el delta del Nilo se encuentra a una altitud de 1 metro sobre el nivel del mar que, teniendo en cuenta los pronósticos del cambio climático que se verán en próximos apartados, puede catalogarse como preocupante. Además, como se menciona en el apartado anterior, Egipto podría ver reducida su disponibilidad de agua dulce hasta en un 25%.

La relevancia de la cuenca del Nilo para Egipto es crucial, siendo que solamente equivale al 3.5% del total de la extensión del país, sin embargo, acoge al 95% de la población y produce la gran mayoría de los productos agrícolas del país. En primer lugar, cabe mencionar que el país requiere inversiones en infraestructura del agua y herramientas de gestión más eficaces dentro de los centros urbanos del cauce del Nilo, donde se localizan la gran mayoría, para garantizar que no se desperdicia el agua que usa. La disponibilidad de agua es un factor relevante para su sistema económico, pues el 85% del agua se destina a la agricultura, cuando el promedio mundial es del 67%. A pesar de la importancia de este recurso para el sector, la infraestructura de riego y drenaje opera tan solo con un 50% lo que denota una falta de inversión que podría mejorarse también con prácticas agrícolas más productivas. Por ejemplo, una de las medidas que se prevé en el Plan Nacional de Recursos Hídricos (2017-2037) es reducir la cantidad de tierra utilizada para cultivos de uso intensivo de agua como el arroz.

Tendencias demográficas

Todos los sistemas productivos previamente destacados, tienen también rasgos similares en las tendencias demográficas que experimentan. Al poder ser catalogados como países semiperiféricos, se encuentran en una fase de transición demográfica, habiendo experimentado una notable reducción en las tasas de natalidad en los últimos años. Marruecos pasa, por ejemplo, de observar una media de 7 hijos por mujer en edad fértil a 2 en tan sólo unas décadas . De lo explicado en el párrafo anterior podemos concluir que sus pirámides población estarán cada vez más envejecidas, concentrando el grueso de la población en edades adultas. Sin duda alguna, este hecho impacta inevitablemente en el campo con una estructura de propiedad de personas cada vez más envejecida, cuya productividad en esas parcelas de pequeños productores (el 25% de las explotaciones de Marruecos tienen una extensión menor que 1 hectárea) puede verse afectada.

Paralelamente, otro efecto incide sobre la productividad agraria, y no es otro que la falta de retención de las personas jóvenes rurales en el campo. Esto ocurre, principalmente, por dos causas con un denominador común, la escasa renta rural. Por un lado, las personas jóvenes no se quedan en el campo porque sus familias necesitan un complemento a su renta, y para ello les envían a las fábricas de las ciudades con la esperanza de compartir parte de su salario. Por otro lado, la falta de oportunidades que tiene la gente joven en sus orígenes campesinos hace que traten de buscar mejores oportunidades en las ciudades. Es por esto último por lo que podemos hablar también del éxodo rural que se viene produciendo desde la descolonización en estos países. Supone una seria amenaza para la seguridad alimentaria por motivos como el incremento de las rentas o la falta de mano de obra agrícola ya explicados con anterioridad. Las razones por las que en estos países se da este éxodo rural son varias, destacando cuatro, que ya se han tratado sucintamente en el párrafo anterior:

  • Baja ocupación en el campo por la escasa renta rural
  • Inconvenientes de acceso a servicios básicos como la educación o la salud
  • Una mala comercialización de los productos agrícolas
  • Rápido crecimiento urbano que produce unas oportunidades laborales y vitales
    que el campo no ofrece.

La tendencia no permite ser optimistas a este respecto, y la acentuación del éxodo rural, sólo hará que incrementar la inseguridad alimentaria de los países norteafricanos. Simultáneamente, sin la provisión de alternativas en el campo, la población seguirá migrando y sus consecuencias son potencialmente devastadoras.

Amenazas climáticas

Por último, cabe analizar la inseguridad alimentaria a corto plazo en el marco de un cambio climático cuyos efectos son cada vez más visibles y preocupantes. En la introducción de este apartado se comentó, pero una de las principales amenazas climáticas que enfrenta la región es la potencial desaparición del delta del Nilo. La subida del nivel del mar (entre 0.5 metros y 1 metro hasta 2050) puede hacer desaparecer este ecosistema, vital para la supervivencia de la agricultura egipcia como vimos con antelación. A este hecho, se le suma la disputa con Etiopía por la construcción de la ya mencionada presa en el curso alto del Nilo que podría afectar a los niveles de agua durante su curso, perjudicando a las explotaciones agrícolas que existen en su rivera.

Otra de las principales amenazas que enfrenta la región es la potencial escasez de agua. El estrés hídrico que enfrentan los 4 países está muy por encima de los niveles que maneja la media mundial (salvo el caso argelino), siendo especialmente acuciante en Marruecos, con un 95% de consumo acuífero para la agricultura. La escasez de agua podría afectar a los cultivos de regadío del país y compromete sobremanera la seguridad alimentaria de la región. A ello, tenemos que sumarle, el incremento de las temperaturas, con escenarios verdaderamente preocupantes de aumentos de hasta 6ºC en 2050, que a su vez hará que el desierto del Sáhara aumente su tamaño, reduciendo la extensión de las tierras cultivables en los cuatro países, con menores precipitaciones anuales y la reducción implícita de los días de cosecha. Todos los aspectos analizados inciden en la previsible reducción de la productividad agrícola. Si a estos factores climáticos, les sumamos los factores demográficos vistos con anterioridad nos encontramos ante un círculo vicioso que no parece que se alivie con las actuales políticas. La subida de las temperaturas reducirá las tierras cultivables a través de la desertización, con una población cada vez más envejecida y la falta de población joven que se quede en el campo hará que menos población se dedique a ello, con lo que la producción agrícola se reducirá.

¿Qué políticas pueden implementar los países para paliar un escenario tan preocupante para la seguridad alimentaria?60 Posiblemente pase por una combinación de incrementar las capacidades de los agricultores, introduciendo técnicas modernas en los cultivos, optimizando el uso de los recursos hídricos, invirtiendo en I+D+i o a través de la actualización de algunas estructuras de propiedad todavía arcaicas. Sin duda, a través de la mejora de las oportunidades en el campo, la seguridad alimentaria de la región podría paliar la cantidad de amenazas que enfrenta hoy día.

Las nuevas migraciones en el norte de África, las consecuencias del cambio climático

Los fenómenos migratorios han experimentado un notable cambio en los últimos lustros. A los motivos tradicionales como el económico o el securitario se le añade el factor climático como una de las causas que fomentan los movimientos de población. Especialmente, en torno a la región MENA, donde hasta 33 millones de personas viven en zonas en peligro de inundación y la gran mayoría de la población lo hace en áreas desertificadas. La cercanía de Europa a la región hace además que los potenciales beneficios de una migración exitosa sean altos en cuanto a calidad de vida, incrementando el fenómeno migratorio. Y es que, como señala la Comisión Europea, el principal motor de las migraciones siguen siendo los motivos económicos, lo que nos lleva a un potencial problema, y es el atrapamiento de personas que no emigran hasta que no les queda nada de lo que puedan extraer renta en sus localidades de origen. Las migraciones por motivos climáticos reducen este riesgo e incrementan los beneficios en las localidades de origen y receptoras de población, al funcionar como un mecanismo de ajuste automático.

Como se ha ido mencionando a lo largo del trabajo, las diferentes esferas de la problemática climática afectan a las poblaciones del norte del continente africano con especial intensidad. Tales como la escasez de agua, el incremento de la desertificación o el crecimiento del nivel del mar, merced al incremento de las temperaturas y los sucesos cada vez más recurrentes de desastres naturales empujan a la población a buscar alternativas, especialmente en la región norteafricana. Todos estos factores son cortados de manera transversal por la posible aparición de un conflicto en torno a alguna o varias de estas problemáticas. La existencia de tal conflicto podría exacerbar el problema migratorio en base al incremento de los flujos de población por factores securitarios, el destrozo de tierras por el uso de agentes químicos, etc. Una de las claves para prevenir la aparición de estas problemáticas e incrementar la cooperación interestatal lo representan los procesos de construcción de confianza. Este tipo de políticas ha de ser el catalizador para que las esferas económicas, culturales y ecológicas sean tenidas en cuenta para los procesos de construcción de paz.

Reconociendo el hecho de que, tal y como señala Marquina65, los migrantes del Norte de África son migrantes económicos en su mayoría, representando movimientos de fuerza laboral para la región, no es desdeñable que las amenazas ambientales son ya una amenaza real para la región, iniciando procesos migratorios. Los factores señalados en la página anterior son los principales factores climáticos que obligan a la población a migrar. La gravedad en las consecuencias de estos factores depende de qué modelos de predicción se tomen, pero los más recientes demuestran que la gravedad es mayor de la indicada a principios de siglo. El reporte especial de IPCC sobre cambio climático indica que el incremento de temperaturas contribuirá a agravar la situación acelerando el proceso de desertificación, degradación de la tierra y pérdida de parcelas cultivables, incrementando el éxodo rural con una creciente urbanización, haciendo que la escasez de haga crezca exponencialmente en el Norte de África. Ante este escenario, se espera un crecimiento explosivo de las migraciones por motivos climáticos. Estas migraciones, acudirán hacia Europa desde los países subsaharianos, pero principalmente desde el Norte de África por la cercanía y la especial vulnerabilidad climatológica de la región. Hay que mantener, no obstante, una vigilancia especial sobre aquellos países con problemas de seguridad como fue el caso de Siria o el caso libio.

Los países con cierto margen de maniobra para la aplicación de políticas públicas que palien la situación, merced a las rentas provenientes de sus recursos naturales son Argelia y Libia (aunque la inestabilidad de este último imposibilita en gran medida cualquier opción política), mientras que Marruecos, Túnez o Egipto cuentan con el turismo como fuente de divisas, pero su situación es mucho más complicada ya que los niveles de empleo que representa la agricultura son muy desproporcionados, con un 44.6 % en Marruecos, 55% en Túnez y el 32% en Egipto (más de 47 millones de personas entre los tres países).

Como se ha mencionado con anterioridad, es cierto que el principal flujo migratorio provendrá a Europa desde el norte de África, pero una de las principales lecciones extraídas de la crisis siria es que el factor securitario es de especial relevancia. De no ser capaces los países del Magreb de canalizar estos movimientos migratorios, como ha sido el caso hasta el momento, el crimen organizado puede jugar un papel clave en el transporte de personas a través de las rutas transaharianas y mediterráneas hasta Europa, siendo especialmente llamativo el caso libio. Durante la última década68, este hecho ya ha sido un punto caliente para los socios europeos, con choques entre ONGs, gobiernos nacionalistas antiinmigración y demás socios comunitarios. Asegurar una postura común frente a esta problemática que suponen las organizaciones de crimen organizado es uno de los principales desafíos del ente europeo.

Conclusiones

A lo largo de estas páginas ha quedado demostrado que el cambio climático es una amenaza real para la seguridad de los países de la región euromediterránea y que afecta, de manera más severa, a aquellos situados en la ribera sur del mar Mediterráneo, el Magreb. Se ha podido observar como la subida de temperaturas y el descenso de las precipitaciones han contribuido a la desertificación del territorio de muchos estados, imposibilitando el trabajo de la tierra y obligando a muchas personas dedicadas a la agricultura a emigrar a la ciudades para buscar un futuro mejor, los conocidos como migrantes climáticos. Igualmente, esta presión demográfica creciente pone en peligro la seguridad alimentaria de los países del Magreb ya que, además, la escasez de agua es cada vez más evidente. Todos estos factores de riesgo han incentivado las migraciones por motivos medioambientales. Fruto de la desesperación ciudadana y de la debilidad de los gobiernos, las redes de crimen organizado son cada vez más fuertes y aprovechan la porosidad de las fronteras para enriquecerse.

Comercio de esclavos en Benín: antecedentes, rutas y personas.

Marina Fidalgo de la Rosa

Chateau des ducs de Bretagne – Musée d’histoire de Nantes, Alain Guillard

Vamos a retrotraernos a otra realidad. Una realidad que en ocasiones no parece tan diferente a la nuestra. Desde el siglo XV hasta bien entrado el siglo XIX, el comercio de esclavos —y por tanto la esclavitud— fue una constante en el triángulo que forman los países europeos y sus respectivas colonias en el continente africano y americano. El interés internacional se centraba en las posibles exportaciones del nuevo mundo: el nuevo reto colonizador. El continente que en siglos previos fue visto como fuente de riqueza, se convertía ahora en una nueva mina; los recursos explotados en este caso serían las propias personas: daba comienzo (o se impulsaba, mejor dicho) el comercio de esclavos. Con el desarrollo de las grandes explotaciones en América, como las plantaciones de caña de azúcar, se hacía necesario contar con mano de obra que se encargase de esta incesante y ardua tarea. Siendo una expresión más de la despersonalización africana, que se convertía en la tercera etapa del nuevo orden de comercio global: Comercio triangular, en el que bienes materiales se enviaban desde Europa a África, y desde aquí partían esclavos hacia América, que permitían la producción de materias primas que eran exportadas a Europa.

Pero, ¿cómo se crea esta lógica? Era obvio que era menos costoso obtener esclavos en Europa y saltarse el paso intermedio de intercambio en África, lejos del poder político, económico y militar existente en Europa. El que esta opción no fuera considerada seriamente plantea una cuestión fundamental: ¿Quién podía ser esclavo? Cada sociedad ponía una excusa para justificar su respuesta. El comercio de esclavos fue así el producto de diferencias en la construcción de la identidad social y la tecnología transatlántica que puso súbitamente en contacto unas con otras las sociedades del Atlántico´ (David Eltis. Emory University- 2007) pasando por explicaciones que parecen incluso defender el uso de la población Africana como esclava (…Africans, on the other hand, possessed the required immunities´- Liverpool Museum: The archeology of Slavery) Sin embargo, esta nueva actividad comercial se puede analizar desde un doble sentido: se establecen las bases del racismo que permiten considerar a los africanos como personas de otra categoría, y que por ello podrían ser sometidos y comprados a un precio menor en las relaciones internacionales, y por medio de los incentivos económicos para las élites africanas esclavistas, se crea el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento de las diferencias tribales y étnicas, que tanta influencia tienen en el desarrollo posterior de algunos países.

Esto tuvo diferentes impactos en cada población esclavizada. Me gustaría centrar este ensayo en lo acontecido en el actual país de Benín. Convirtámonos en uno de los muchos esclavos y esclavas que siguieron esta ruta. Arrancados de nuestro lugar de origen, llegamos a la ciudad de Ouidah. La economía de esta zona comenzó a verse manchada por esta nueva dinámica, creándose la figura de grandes esclavistas asentados en estas costas y favorecidos por los reyes de la antigua Abomey. Aquí es donde, en la plaza Chacha, los extranjeros, alojados en alguno de los 5 fuertes que llegó a tener la ciudad (el fuerte belga, el danés, el inglés, el francés y el portugués) procedían a tu compra, pasabas a cargo del mejor postor. A continuación, tu nuevo propietario te llevaba, junto con tus nuevos compañeros/as de viaje, al lugar donde eras marcado a fuego: ahora tenías otro nombre, un número…se comienza a borrar tu pasado. Aún dolorida por tu nuevo bautizo llegas al Árbol del olvido, donde, tras realizar la tradición, dando 9 vueltas al mismo si eres hombre o 7 si eres mujer, oficialmente queda borrado cualquier rastro de tu antigua historia.

Y así, recién nacido, alcanzas la que será tu cárcel durante los siguientes meses: la Casa Zomai (donde la luz o el fuego no llegan). Este lugar será tu escuela: aprenderás a convivir en la oscuridad hacinado con el resto de aprendices de esclavo, a comer pan y agua una vez al día y cómo este camino sólo lo superan los más fuertes (los que no iban a parar a la Zoungbodji o fosa común) Si has superado todas estas pruebas llegamos al lugar donde en la actualidad se erige la Puerta de no Retorno (1922) donde te espera un barco para llevarte al `nuevo mundo´.

Esta ruta, que dio origen al proyecto de la UNESCO `La Ruta del Esclavo´ que comentaremos a continuación, fue durante casi dos siglos (desde 1670 hasta mediados del siglo XIX) el principal puerto de embarque de esclavos en África Occidental con destino a América. Para entender la importancia de esta zona como ruta comercial debemos pensar en diversos factores: por un lado, su situación geográfica, cercana al litoral, así como su situación sociopolítica. Se estima que en el país se exportaron hasta 20 mil esclavos anuales en el siglo XVIII y 12 mil anuales en el siglo XIX hasta 1820.

Los orígenes de Dahomey pueden ser trazados a partir de un grupo adjá (aja) del reino costero de Allada (Reino de Adra o de los Ardres). Según la tradición, el rey Kokpon de Allada tuvo tres hijos: Meji, Té Agbanlin y Gangnihessou o Ganixësu. Después de una disputa sucesoria hacia 1625, el primero sucedió a su padre como rey de Gran Ardra, mientras que Té Agbanlin partió hacia el sur, donde fundó Adjatché (que posteriormente fue bautizado como Porto Novo por los comerciantes portugueses), y Gangnihessou se dirigió al norte para establecerse en Abomey, núcleo del futuro reino de Dahomey. El nombre de Dahomey, Abomey o Abomé hace referencia a un fuerte que en fon se denomina agbomé. En Abomey o Dahomey se organizó un reino fuertemente centralizado y apoyado por un ejército profesional. A lo largo de los años, los adjas se fueron mezclándose con la población autóctona, dando origen al grupo étnico hoy conocido como fon o dahomey. A lo largo del siglo XVIII, la principal actividad económica de Dahomey era el comercio de esclavos, que capturaban en sus incursiones contra las poblaciones vecinas y luego vendían a los tratantes europeos.

Tras la llegada de la colonia francesa se implantó aquí el primer fuerte europeo (1671), que fue rápidamente seguido por ingleses y portugueses, potenciándose el existente comercio de esclavos que tenía ya lugar en esta región. Hasta 1727 Ouidah no era más que el puerto de un reino independiente (Dahomey), que vio la clave para solucionar sus pretensiones expansionistas en esta nueva actividad comercial: el comercio transatlántico de esclavos con destino a América. Todo esto llegó a su máximo esplendor en 1818, cuando Ghézo accedió al poder, mediante el primer golpe de estado que tuvo lugar en esta región, y apoyado por la complicidad de un famoso traficante de esclavos brasileño: Félix de Souza. Como agradecimiento a su incondicional lealtad, se le otorgó el título de `Chacha´, convirtiéndose en el principal organizador del comercio de esclavos en esta región, así como en el intermediario entre Europa y el rey de Abomey. Centro neurálgico de esta nueva red transatlántica, Ouidah adquirió además un papel de nexo esencial, donde las diferentes poblaciones entraban en contacto y tuvo lugar todo tipo de mestizaje: esclavos fon, yoruba, haoussa, esclavistas europeos, intermediarios portugueses y brasileños…crearon un magma de diversidad cultural, al que se sumaron rápidamente los «retornados» de Brasil. Prueba de esto la obtenemos en tradiciones actuales que implican el vudú, nacido originariamente en esta zona del actual país beninés, y que están presentes en varios países latinoamericanos como Haití.

El vudú se convirtió en el lazo de unión entre la comunidad de esclavos afrodescendientes, que ahora se encontraban con una cultura muy diferente a la suya. Encontraban en esta práctica espacios de reunión donde socializar entre iguales, llegando a suponer un acto de rebeldía, ya que en Haití llego a estar prohibido, sancionando a los colonos cuyos esclavos acudían. Es en este entorno de debate y reflexión dónde empiezan a surgir pretensiones revolucionarias de alzarse contra los esclavistas. Comienzan a pasar del pensamiento a la acción, precedidos siempre de diferentes ritos protectores. Como dice Romero Amaya: `El vudú considerado como la herramienta de la conspiración, logró reunir a prácticamente todos los esclavos de ascendencia africana bajo una misma creencia y un conjunto de prácticas rituales que los mantenía relacionados, quizás constituyéndose como la fuerza más cohesionada que los blancos debían suprimir´.

A modo de conclusión, me gustaría terminar mencionando brevemente el proyecto de la UNESCO introducido anteriormente. Bajo el nombre: “La Ruta del Esclavo: resistencia, libertad, patrimonio” este proyecto creado en 1994 en Ouidah pretende `contribuir a una mejor comprensión de las causas y modalidades de funcionamiento de la esclavitud y la trata negrera, así como de las problemáticas y consecuencias de la esclavitud en el mundo (África, Europa, Américas, Caribe, Océano Índico, Oriente Medio y Asia); Evidenciar las transformaciones globales y las interacciones culturales derivadas de esta historia; Contribuir a una cultura de paz propiciando la reflexión sobre el pluralismo cultural, el diálogo intercultural y la construcción de nuevas identidades y ciudadanías´ A través de diversas publicaciones y contenidos educativos, consigue mantener en los debates actuales el impacto de la esclavitud en las diferentes culturas, promoviendo la investigación de esta etapa histórica tan incómoda.

Formas de resistencia cultural: los fang en la Guinea Española

Luis Pérez Armiño

La delimitación cronológica de la presencia colonial de España en la región ecuatorial de África depende de las fuentes que empleemos. Desde el punto de vista meramente documental, podríamos situar su origen en 1778, cuando los reinos de España y Portugal firman los Tratados de San Ildefonso y de El Pardo. Por estos acuerdos, Portugal cede a España una serie de territorios en el golfo de Guinea, además de la isla de Fernando Poo, la actual Bioko. Sin embargo, la presencia efectiva de los españoles en estos territorios es más tardía. Prácticamente, si nos referimos al territorio de Fernando Poo, debemos remitirnos a mediados del siglo XIX, cuando los españoles hacen efectiva su ocupación de la isla, en respuesta a las presiones británicas para hacerse con este territorio. Respecto al territorio continental, los españoles deciden su ocupación y explotación comenzado el siglo XX. El final de la presencia colonial española se da con la independencia de la República de Guinea Ecuatorial, celebrada solemnemente el 12 de octubre de 1968.

Guinea Ecuatorial, en cierto modo, ha ocupado un interés marginal en el ámbito académico español, situación que está siendo corregida en los últimos tiempos. Las primeras referencias son las crónicas de los exploradores y viajeros, que recorrieron la colonia entre finales del siglo XIX y principios del XX. Viajes, que, con supuesto carácter científico, estaban patrocinados por instituciones privadas y que buscaban describir la potencialidad económica de las posesiones africanas, más después del desastre colonial de 1898. En este contexto, los trabajos de Günter Tessmann, sobre los fang (publicado en 1913) y sobre los bubis (en 1923), ofrecen las primeras noticias de carácter etnográfico sobre estos grupos. El interés científico por la Guinea Española se incrementa después de la guerra civil y en relación con la política exterior del nuevo régimen franquista. En este contexto, podemos destacar los trabajos patrocinados por el Instituto de Estudios Africanos (IDEA), creado en 1945, por un decreto publicado el 28 de junio en el Boletín Oficial del Estado (BOE). Bajo una supuesta intención científica, el fin último de los trabajos de IDEA no era otro que rentabilizar el aprovechamiento económico de la colonia. Habría que esperar a la independencia del país y la llegada de la democracia en España para que el panorama cambiase, y se fuese generando un corpus bibliográfico en torno a muy diferentes facetas de los territorios de Guinea Ecuatorial.

En líneas generales, la literatura generada en torno a la colonia española de la actual Guinea Ecuatorial ha transitado entre dos posturas. Por un lado, todas aquellas obras, que han recuperado el papel ejercido por la administración colonial española. Durante años, dominó la idea de la bonanza asociada a los territorios ecuatoguineanos, gracias al tesón de los colonos, dedicados a los cultivos de exportación, especialmente el cacao. Ejemplo de este tipo de investigaciones es el amplio estudio publicado por Sial y Casa de África en 2014 con el explícito título de Aquel negrito del África tropical. El colonialismo español en Guinea (1778 – 1968), obra de Fernando Ballano Gonzalo. En general, se trata de trabajos en los que es fácil percibir una cierta nostalgia, y que insisten en el desarrollo económico de la colonia, en relación con la metrópolis; o en las diferentes fases administrativas por las que pasa este territorio, que llegó a ser provincia española. De hecho, los territorios ecuatoguineanos fueron los únicos capaces de organizar unas elecciones democráticas bajo el auspicio de un régimen dictatorial.

Han surgido visiones revisionistas, que tratan de desentrañar todos los resortes del sistema colonial español, denunciando sus abusos y sus deficiencias. Uno de los escritores más destacados es el antropólogo catalán Gustau Nerín, con una amplia producción publicada, entre los que destacan títulos como La última selva de España. Antropófagos, misioneros y guardias civiles (Los libros de la Catarata, 2010), Un guardia civil en la selva (Ariel, 2007) o Guinea Ecuatorial, historia en blanco y negro (Ediciones Península, 1998), entre otros muchos artículos y referencias académicas. En la mayoría de estos casos, desde distintas perspectivas y con una postura crítica, se cuestiona la acción colonial española. En la misma línea, por situar otro ejemplo, podemos citar la exposición Ikunde. Barcelona, metrópoli colonial, que tuvo lugar en el Museu de las Culturas del Mon, en Barcelona, entre junio de 2016 y febrero de 2017. A partir de la historia de Copito de Nieve, el famoso gorila albino del zoo barcelonés, se realiza un análisis detenido del papel de Barcelona en la explotación colonial de los territorios ecuatoguineanos.

Desde una perspectiva antropológica, sí que me gustaría destacar la labor investigadora desarrollada desde la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Me refiero a las Jornadas de Antropología de Guinea Ecuatorial, celebradas por primera vez en la ciudad de Bata, en 2008, y de las que hasta el momento se han celebrado hasta cuatro ediciones. En este mismo ámbito académico, Raúl Sánchez Molina publicó en 2011 El pamue imaginado, obra fundamental para comprender la visión española de los territorios de la Guinea Española, o los trabajos etnográficos de Íñigo de Aranzadi o Isabel de Aranzadi, por solo citar algunos ejemplos.

Podemos afirmar que existe un imaginario en torno a la colonización española de Guinea Ecuatorial, que afirma el papel benefactor de la presencia española en la región. Se asume que la administración colonial española fue capaz de generar una estructura económica, sobre la base del cacao, con una altísima productividad. La exportación de cacao, con un fuerte intervencionismo estatal, favoreció el crecimiento económico de la colonia, en unos niveles comparables a los de la economía peninsular. Pero bajo este relato tan propio del colonialismo paternalista desarrollado por las potencias europeas que intervinieron en el continente africano, la investigación descubre una realidad distinta. La presencia española en la región del golfo de Guinea no se resolvió como una pacífica implantación de un sistema productivo altamente rentable. El colonialismo español se enfrentó a numerosas contradicciones, y debe asumir muchos de los errores asociados a los regímenes coloniales que se implantan en el continente a principios del siglo XX. Además, hay que considerar las peculiares características del colonialismo español en la región ecuatorial africana: frente al valor simbólico de las posesiones en el norte de África, sobre todo relacionadas con la élite militar, las autoridades metropolitanas españolas mostraron un casi absoluto desinterés por los asuntos ecuatoguineanos. Solo el régimen franquista avivó el interés por la Guinea Española, siempre condicionado por el beneficio económico.

El territorio actual de Guinea Ecuatorial ofrece un panorama multiétnico, con dos grandes regiones: la isla de Bioko, con capital en Malabo, la antigua Santa Isabel de la colonia española; y la región continental, con capital administrativa en Bata. En la actualidad, la constitución ecuatoguineana reconoce cinco grupos culturales. La isla de Bioko se encontraba habitada por los bubis. En el continente, la franja litoral estaba poblada por los grupos que los españoles denominaban “playeros”, y que incluían a diversos grupos, junto con los fang que habitaban el territorio interior, en desplazamiento de tipo semi nómada hacia las costas. Este panorama se completaba con la presencia de los fernandinos en la isla de Bioko, descendientes de esclavos liberados y que constituían la élite de la isla, evidentemente junto con los colonos españoles. Por último, en la isla de Annobón, único territorio ecuatoguineano en el hemisferio sur, habitaban los annobenses, en muchos casos descendientes de esclavos emancipados, y que hablaban un dialecto criollo portugués.

El proceso colonizador español en Guinea Ecuatorial estuvo protagonizado por los misioneros, principales terratenientes de la colonia, junto con diversas empresas de particulares. El interés español por este territorio se resumió en el cultivo del cacao y en la explotación maderera del interior del país. La colonización se desarrolló en dos periodos. El primero de ellos asentó la presencia española en la isla de Fernando Poo, estableciendo una capital administrativa en la ciudad de Santa Isabel, hoy Malabo. En un momento posterior, se inició la colonización de los territorios en torno al río Muni. Según el acuerdo establecido con Portugal a finales del siglo XVIII, los territorios concedidos a la corona española eran más extensos. Sin embargo, la presión de las potencias coloniales, especialmente de Alemania al norte, en Camerún, y de Francia en el sur, en Gabón, redujeron de forma considerable el territorio de la colonia española en el continente.

Frente a la idea de una expansión colonial sin apenas resistencia, la investigación ha resaltado que los habitantes de los territorios ecuatoguineanos ofrecieron diversas estrategias de resistencia. El trabajo desarrollado por Nuria Fernández Moreno (2004) demuestra que los bubis reaccionaron ante la presencia española, retirándose a territorios difícilmente accesibles, y definiendo una estructura jerárquica que favoreció la centralización del poder en la figura de un monarca. De hecho, la actual denominación de la capital de la república ecuatoguineana toma el nombre de uno de estos monarcas, Malabo. El rey bubi estaba sometido a una serie de prescripciones de carácter religioso, entre las que podríamos destacar la prohibición de mostrarse ante hombres blancos. De hecho, en el idioma bubi el término mukara designaba al «demonio blanco». Es difícil precisar la entidad de estos enfrentamientos, y su consideración está condicionada por nuestra percepción del enfrentamiento bélico. Para la visión europea, la resistencia bubi adquirió forma de escaramuzas, que se resolvían prácticamente con unos pocos disparos al aire y que se saldaron con un escaso número de bajas. Sin embargo, desde la perspectiva bubi, es fácil comprender el impacto que suponía enfrentarse a los destacamentos españoles, por muy mal perpetrados que estuviesen (Pérez Armiño, 2018).

Los colonos españoles en la isla denunciaban el escaso interés de los bubis por el trabajo. Les sorprendía que solo desarrollasen aquellas actividades que les asegurasen el sustento básico, y no realizasen esfuerzos por incrementar sus posesiones. La legislación colonial reconoció este hecho, facilitando la posesión de terrenos a la población bubi, que podían ser trabajados para su propio beneficio. Sin embargo, la falta de mano de obra se convirtió rápidamente en un grave problema para la actividad de las plantaciones de cacao de la isla. Los administradores españoles recurrieron a diversas estrategias para atraer mano de obra a la isla, mucha de ella procedente de Nigeria o de Sierra Leona. Las duras condiciones de trabajo, en un régimen casi de semi – esclavitud, son evidentes al comprobar los litigios que las autoridades británicas españolas emprendieron contra las españolas. A pesar de los acuerdos con las autoridades coloniales británicas, por los que se proporcionaba abundante mano de obra para trabajar en las plantaciones de cacao de la isla, la falta de trabajadores fue un problema recurrente, que amenazaba toda la estructura económica de la colonia.

Para paliar esta situación, las autoridades españolas decidieron afianzar su presencia en el territorio colonial. La región estaba poblada por los fang. Este grupo seminómada era considerado por los españoles como más feroz y propenso a la guerra. Incluso, los consideraban más cercanos a la condición de los blancos, por sus capacidades físicas y su carácter guerrero. Los fang habitaban pequeñas unidades de producción, que explotaban el territorio circundante por un sistema de tala y quema, que agotaba rápidamente la tierra, lo que les obligaba a trasladarse de forma periódica. Este movimiento poblacional, evidentemente, generaba tensiones con grupos asentados en la región.

Los españoles, a medida que se asentaban en la región continental mediante la firma de acuerdos con los jefes locales, establecieron un sistema de reclutamiento. Entre los fang, la dote es fundamental para comprender el sistema matrimonial y social. La riqueza de un hombre se medía por el número de mujeres que podía llegar a tener, las que al fin y al cabo se encargaban del trabajo agrícola. Los colonos facilitaban a los hombres el dinero suficiente para poder cubrir esa dote, a cambio de prestaciones personales de trabajo en las plantaciones de la isla. La consecuencia lógica de este sistema de recluta fue la alteración radical de las bases económicas y sociales de los fang: la introducción de la economía monetaria (el dinero de la dote frente al «dinero para todo uso»), la extensión de los cultivos de exportación frente a los de subsistencia de los fang, apartando a las mujeres de las tareas agrícolas, el traslado masivo de hombres desde el continente a la isla de Fernando Poo, donde trabajan en unas condiciones durísimas. En el sistema de reclutamiento se implicó todo el sistema colonial español, incluyendo toda la estructura misionera y las autoridades militares y civiles de la isla, como ya ha descrito Gustau Nerín (2008).

La imagen de la ocupación del territorio como el resultado de negociaciones entre los colonos españoles y aquellos que consideraban jefes de los grupos locales debe completarse con las lógicas resistencias, que en ocasiones resultaron en forma de escaramuzas. Sin embargo, hay que considerar que el control militar del territorio correspondía a una guardia colonial escasa y peor equipada, dispuesta a lo largo de diferentes puestos de guardia en todo el territorio. Más preocupada por mantener la integridad fronteriza de la colonia que el régimen interno. Sin embargo, debemos considerar dos formas peculiares de resistencia.

Los estudios culturales han demostrado que en diversos territorios de África los grupos locales desarrollaron un determinado tipo de danzas destinadas a burlarse de los colonos blancos. Se trataba de puestas en escenas, que, a ojos de los colonos, eran representaciones rituales. Desde una perspectiva etnocéntrica, las autoridades coloniales otorgaban a estos rituales un significado religioso, ajeno a la verdadera intención de la mascarada. En las colonias francesas, por ejemplo, no eran infrecuentes las máscaras que trataban de imitar el rostro de Charles de Gaulle. La Guinea Española no fue ajena a este fenómeno.

La máscara ngontang es un tocado utilizado por los fang. Se caracteriza por ser una máscara trifaz, con la representación de tres rostros. En el Museo Nacional de Antropología, en Madrid, se conserva en muy buen estado de conservación una máscara de este tipo (CE11058). La máscara formaba parte de una amplia colección de objetos y materiales recolectados por la expedición patrocinada por el IDEA en 1948, que tenía como objetivo la formación de colecciones, que deberían ingresar en el Museo de África. En la máscara, llama poderosamente la similitud de los tres rostros representados, con un blanco intenso, y unos grandes ojos. La nariz, recta y pronunciada, destaca sobre un pequeño bigote negro. El rostro también tiene el pelo negro, con un característico peinado con raya al lado. Durante algún tiempo, se consideró que esta máscara estaba relacionada con algún tipo de ritual funerario, que mediaba la conexión con los espíritus de los difuntos que visitaban el mundo de los vivos. Precisamente, el color blanco era el que se asociaba con el mundo funerario. Sin embargo, la investigación ha demostrado un uso totalmente diferente. Los fang utilizaban estas máscaras para imitar a los colonos blancos, burlándose de ellos e imitando en los bailes sus gestos. En cierta manera, podemos interpretar la máscara como un elemento fundamental, que materializa una peculiar forma de resistencia a la dominación colonial mediante la burla y la ironía. Sobre esta máscara, es interesante mencionar «Representación del hombre blanco en las danzas fang de Guinea Ecuatorial y Gabón. Fronteras coloniales invisibles», que presentó Isabel de Aranzadi en el V Seminario Internacional del Centro de Estudio Afro Hispánicos, de la UNED, dedicado a 50 años de independencia de Guinea Ecuatorial, y que tuvo lugar en Madrid entre los días 2 y 13 de julio de 2018.

Por último, es necesario mencionar una forma de sincretismo religioso, el bwiti, y que tuvo predicación entre la población fang, y que fue percibido y perseguido por las autoridades coloniales españolas como una forma de resistencia indígena. El bwiti tomaba elementos de los cultos católicos junto con otros asociados a las creencias fang. En estas prácticas podemos distinguir la visión nativa del culto frente a un imaginario desarrollado por los españoles para desacreditar estas prácticas y minar cualquier forma de resistencia a su autoridad. En el culto bwiti es fundamental el consumo de la corteza de la raíz de la iboga, con poderosos efectos alucinógenos, que facilitaban la visión y adquisición de una serie de conocimientos fundamentales tanto para el iniciado como para la comunidad a la que pertenece. Las autoridades españolas persiguieron duramente este culto, especialmente en el periodo posterior a la guerra civil, al asociarlo con los movimientos que defendían la independencia de la colonia. Difundieron que el canibalismo formaba parte fundamental del ritual, lo que justificó las condenas a muerte de algunos de sus practicantes. El bwiti puede interpretarse como otra forma de resistencia cultural, que pretendía preservar determinados elementos de los cultos fang a los antepasados, frente a la imposición del catolicismo fruto de la intensa actividad misionera en la colonia.

Así, frente a las visiones idílicas de un modelo colonial ejemplar, esgrimidas frente a las presiones ejercidas por las Naciones Unidas que exigían el desmantelamiento del sistema colonial español en África, tanto las máscaras ngontang como la adopción de los cultos bwiti nos sitúan ante determinadas prácticas de resistencia frente a la autoridad colonial. Finalmente, el proceso de descolonización culminaría en 1968, cuando Guinea Ecuatorial accede a su independencia, escribiendo a partir de entonces el relato de su historia más reciente marcada por la sucesión de dos regímenes dictatoriales.

Un arte ¿primitivo? Algunas precisiones al respecto de las artes tradicionales del África Subsahariana y su implicación en la Modernidad

Alfonso Gilsanz Calvo

Gemelos Mambila. Escultura en el Museo de Arte Africano de Valladolid. Autor: Pablo Arconada.

La asociación de la religión animista con lo «bárbaro-barbaroi» (“extranjero” en sentido etimológico del griego clásico) posee un enorme cariz colonial que mucho tiende a deber de la imagen u otredad con la que se ha entendido al cuerpo-africano-barbaroi; y digo «cuerpo-africano» ya que la estereotipación de la persona de que vive en África es, por todos cuantos participamos en este curso, presumiblemente entendida como colonial y reduccionista; cuyo único fin no es más que caracterizar a través del cuerpo como sujeto o sujeto como cuerpo, a un espacio geográfico cada vez más entendido por discursos céntricos, locales y aquellos encontrados “entremedias”. Esto también sería interesante leerlo desde el punto de vista artístico, ya que la historiografía siempre ha tildado al arte africano (tal como se hacía en la segunda mitad del siglo XIX y XX) como “arte puro” o “arte etnológico” privándolo en cierta manera del concepto de Arte-Genio, constructo asociado sólo a lo occidental y Moderno (véase el sentido de Modernidad). Con todo ¿es posible estudiar la producción artística de las culturas subsaharianas que profesan estos cultos “animistas” desde un enfoque que no resalte la manida solución del «buen salvaje» basándose en la deconstrucción del hombre blanco caucásico y heterosexual, y enfatice otros aspectos como la forma, la técnica e incluso asigne el paradigma de “genio”, «escuela / taller» e incluso «Edad dorada»? ¿es posible hacer otra historia del arte para las formas producidas y conservadas al continente africano?

Incidir en la importancia de la revisión historiográfica a la luz de nuevos debates y planteamientos decoloniales; esta cuestión nos permite reconocer al objeto como manifestación física y conceptual, el cual, es activado por la mirada de un sujeto-conocedor que le otorga una posición determinada en el plano de la realidad. A partir de esta forma de conocimiento, comprobamos que los usos y funciones de dichos artefactos se convierten en toda una serie de construcciones culturales que no hacen sino activarse y desactivarse en función de aquellos que ejercen sobre su superficie dicha actividad de «mirar» y vincular materialidad con identidad. En este sentido, pretendemos aproximar sucintamente la problemática de esa mirada-mirante a la hora de aproximarnos al “arte africano” de tal forma que los datos que comprenderemos lo perverso de la mirada, y cuán perjudicial resulta la lectura colonialista, todavía vigente a día de hoy en muchos espacios.

El interés del hombre por mirar al otro forma parte de la Historia. En la obra El espejo de Heródoto: ensayo sobre la representación del otro (1980) escrita por François Hartog, el gran historiador griego nos habla de los escitas como “el otro” por excelencia. Será en el libro IV donde más describirá a ese “otro”, hablando de las costumbres y las fisionomías escitas como formas bárbaras; son muchos los detalles de cómo Heródoto describe las formas de una cultura ajena, introduciéndonos en un estudio antropológico. De este escrito habremos de comprender la siguiente máxima: nosotros nos fijamos en el otro para poder entendernos y describirnos a nosotros mismos. el conocimiento del otro nos permite limitar nuestra identidad/alteridad. La descripción del otro será planteada como una manera de atribuir los rasgos que no me definen para así conceptualizarme a mí mismo desde lo que deseo no-ser. Normalmente, estos juicios se emiten desde entidades culturales y no individuales. La identidad de esos “Otros” cristaliza en espejos en los que mirarnos para construirnos en proceso deductivo: sociedad-sujeto.

El otro está definido en el yo. Se habla de la dualidad (self = comunidad que mira) y el otro. En esta tesitura enjuiciadora podemos clasificar la alteridad mediante la descripción física: apariencia, color de la piel, la lengua y la forma de comunicación, el comportamiento y/o costumbres (costumbres culinarias, atavío, religión, desviaciones sexuales, etc.) la norma o self que a nosotros nos interesa es la científica-ilustrada. Es decir, la imagen del otro va más allá de las cuestiones de credo, aunque íntimamente ligada a esta. Será en el siglo XVIII cuando comience a fraguarse el concepto de “primitivo” y que no verá sus frutos más efectivos hasta el siglo XIX, con el colonialismo y el nacimiento de dos disciplinas científicas fundamentales: la Antropología y la Etnografía. A través de estas herramientas, Occidente comenzó a aproximarse al otro-negro-africano desde una perspectiva experimental y absolutamente paternalista. Hacia 1978 se publica la obra Orientalismo escrita por Edward W. Said, la cual marca un antes y un después en los estudios de la otredad donde se pone en cuestión los bandos este-oeste y cómo el posicionamiento superior de un grupo sobre otro legitima la cosmología colonialista y de ahí los mecanismos reales que se deducen del mismo.

Por “Estilo”, el Diccionario de términos artísticos (Bango, et.al. 2017), indica: “Conjunto de características originales y permanentes de un artista, una escuela , una época, zona geográfica, etc…, que permite su identificación y diferenciación respecto a otros” (p.272). En este caso, debemos identificar el comienzo del término “arte primitivo” hacia finales del siglo XIX con la idea de plantear los orígenes del Arte (recordemos que los inicios de dicha disciplina también se encuentran en esas cronologías), por ello nos encontraremos con los nombres de antropólogos e historiadores cuya misión se centró en calificar de “arte” a aquello que hasta entonces se había identificado como “objetos etnográficos”. Esto implicó que a medida que fue avanzando el siglo XX nos iremos encontrando con una depuración en las formas y la terminología aplicada, sobre todo en la década de los sesenta, momento en el que fruto de las “descolonizaciones”, el término “primitivo” comenzó a ser cuestionado y los museos como el del Trocadero de París o el Etnográfico de Nueva York, se vieron en la necesidad desaparecer y trasladar sus colecciones, en el caso del museo neoyorkino, al museo Metropolitano, resignificando así los fondos bajo el título de “Arte de África y del Pacífico”, empleando en este caso una categoría basada en la multiculturalidad y diversidad de los pueblos: es decir, se pasa del museo etnográfico al museo artístico, un verdadero avance en la descolonización de los mecanismos de conocimiento instaurados en el siglo XIX. Concretamente, será entre 1985 y 1999 cuando el término primitivismo sea objeto de una intensa crítica de corte decolonial y tildado de “eurocéntrico”.

Hemos de recordar que una de las cuestiones más controvertidas de los primeros defensores del “arte africano” fue la homogeneidad que le daban al término, un proceso cognoscitivo de gran carga colonial. En Primitivism in Modern Art (1986), R. Goldwater, infiere que: “[…] El primitivismo no es el nombre de un determinado periodo o escuela de la historia de la pintura que pueda ser descrito con una serie de características distintivas y objetivas cerrada, sino que al igual que el romanticismo, el primitivismo es una “actitud productiva del arte”. (López, 2018., p.38).

Ese primitivismo permitió a los artistas de comienzos del siglo XX adoptar una actitud de repulsa a esa Modernidad que no era sino el fantasma del pasado colonial que había construido el arquetipo de otredad desde el siglo XVII. En este sentido, artistas como Vlaminck, Matisse, Brancusi, Picasso, Derain, Klee, etc. se apoyarán en estos artefactos estéticos como baluarte desde el que defender un arcádico inicio, origen o nuevo centro, desde el que partir hacia la construcción de una nueva mirada; esto entroncaría a la perfección con la intencionalidad artística de estos momentos, entendida como Vanguardia, donde se quebró por completo la concepción de la figuración con la invención de la fotografía, y comenzando una nueva búsqueda en la concepción del propio Arte. Lo africano, comenzó siendo objeto de fetichización para finalmente acabar interrelacionándose con la cultura visual occidental y apagar muchas de esas incógnitas misteriosas hacia finales de la pasada centuria. Casi podríamos decir que los responsables de la valorización del arte africano en su más amplia extensión como arte en sí mismo podrían ser estos artistas de comienzos del siglo XX, entre los que se encontraba el grupo de Dïe Bruke (“el puente”); no obstante, debemos entender que son fruto de su propio tiempo, y proyectaron sobre dichas composiciones cuanto el sistema ilustrado les había dicho que eran: el resultado de toda una serie de sociedades que no habían alcanzado ese nivel de “madurez de civilización/pueblo/sociedad”, relegando sus producciones a una lectura supersticiosa y alejada de la razón como ente que estructura la jerarquía colonialista desde sus más primeros inicios hasta la misma actualidad. Si bien contamos con la aportación de especialistas como Carl Einstein o Franz Boas, entre otros muchos, los estudios puramente desde la estética comenzaron en mayor número hacia la década de los noventa, de la mano de autores como Charles Harrison, Francis Frascina, Gillian Perry, etc.

El conocimiento de las manifestaciones estéticas africanas buscaba ese ideal del “buen salvaje” que revelase los orígenes del ser humano, perfecto para aquellos artistas de la vanguardia que buscaban los orígenes del individuo para (re)explorar conceptos tan elementales como el del propio Arte. Es decir, no existe tampoco un claro interés por conocer al artista detrás de la obra, sino aquello que realmente les llamaba la atención: la destrucción de la Modernidad y la vuelta al punto de partida de la humanidad (sabemos que el gremio de artistas poseyeron un importante papel en la sociedad, y de hecho conocemos los nombres de algunos de ellos como Ighue-Igha de Ife, Fakeye de Nigeria o el maestro de Bouaflé de Costa de Marfil). Existe lo que David López Rubiño, denomina como “elogio al desconocimiento” ya que “Arte primitivo” también engloba a las producciones de Oceanía, despojando así de todo interés las cuestiones locales, estilísticas, etc. priorizando ese cariz anti-moderno y participando de alguna forma en ese reduccionismo colonialista. Agustín Linares Pedrero en este línea, plantea una pregunta convente: “¿de qué estamos hablando cuando decimos que es tipo de arte es primitivo y qué queremos expresar cuando decimos que es arte? Dicho de otra forma ¿qué derecho tenemos para imponer estas etiquetas eurocéntricas a culturas no europeas? […] ¿qué opciones hay?” (2018, p.43). Se deduce, por tanto, que los determinismos que codifican nuestra mirada (educación, país de nacimiento, cultura visual, etc.) serán cruciales a la hora de entender estas otras culturas, algo que seguramente hagamos con hartas incorrecciones, imprecisiones e injusticias por razones obvias. Una idea que es tangencial en los estudios de Foucault o Estrella de Diego, la cuestión de la mirada que no puede dejar de mirar: la “mirada-mirante”.

Estas experiencias estéticas comenzaron a entrar en los circuitos occidentales desde el siglo XVI, momento en el que las campañas colonialistas llevaban a lasa cámaras de maravillas dichos artefactos, no obstante, será a partir del siglo XIX cuando entren de lleno en los sistemas de rapiña institucionales; nos referimos a los brutales expolios sufridos, por ejemplo en el palacio real de Benín hacia 1879, momento en el que el imperio británico confiscó 300 placas de bronce destinadas a sus museos nacionales, otros de potencias vecinas y coleccionistas privados. Las poblaciones locales africanas, vieron que los occidentales demandaban una serie de objetos que ellos empleaban en sus ritos sociales, por ello optaron por la construcción de dichos objetos destinados exclusivamente al comercio; es aquí cuando se plantea el debate ¿sólo le interesa a Europa las piezas del ritual como verdaderas obras de arte, pensando las creadas para comercio como artesanía? A este respecto, David López Rubiño, rescata las reflexiones de L. Shiner en su estudio “‘Primitive fakes’, ‘tourists art’ and the ideology of Authenticity” (1994):

“[…] L. Shiner analiza el carácter paradójico y contradictorio de los criterios que nos permiten delimitar y diferenciar el Arte africano auténtico (en tanto que “Arte”). Contradicción que, a su juicio, se hace palpable: (1º) cuando estalla la alarma (o surge la inquietud) entre nosotros sobre la presencia del denominado “Falso Arte Primitivo” y (2º) por el desprecio generalizado que envuelve el denominado “Arte para turistas” […] En su preocupación por preservar la “autenticidad tradicional”, el ambivalente discurso occidental opera aplicando una especie de “doble rasero” cuando selecciona estéticamente los artefactos de estas sociedades. Solo selecciona los objetos elaborados para ser usados en rituales comunales (ya sea de tipo religioso, mágico o social), solo este tipo de artefactos son dignos de ser “elevados” a la categoría de Arte. Pero, en cambio, aquellos que hayan sido elaborados para ser vendidos con el fin de ser apreciados visualmente (estéticamente) son calificados como falsos o como banales productos comerciales (arte para turistas) […] Lo interesante de esta situación (conceptualmente) es que las esculturas quew no inrtnentan ser Arte en el sentido de nuestra noción (ya que han sido producidoas como objetos funcionales) son consideraods Arte Primitivo (Auténtico); mientras que que las tallas realizadas con la intención de ser Arte en el sentido que nosotros le atribuimos normalmente a esa práctica […] son denominadas como denominadas o calificadas como falsificaciones (fakes) reducidad al estatus de simples artesanías comerciales […] En el contexto del Mercado del Arte Primitivo la distinción entre Arte y Artesanía se invierte paradójicamente: los artefactos utilitarios se elevan a la categoría de Arte y los no-utilitarios quedan relegados a la categoría de Artesanía” (2018, p.35-36).

Pintada entre la primavera y el verano del año 1907, se considera que el genio artístico de Picasso fue capaz de concebir una de las obras más importantes dentro de la Historia del Arte, considerada además como la obra responsable del movimiento al cual se adscribe el autor y junto a Georges Braque (1882-1963) constituye el representante por antonomasia de dicho movimiento pictórico de comienzos de siglo, el cubismo (1907-1914). Las señoritas de Avignon es una obra en la que los rostros que presentan las mujeres de los extremos derecho e izquierdo se encuentren influenciadas muy posiblemente por este tipo de arte tradicional africano subsahariano. Picasso, mostró un gran interés por este tipo de manifestaciones artísticas (las máscaras africanas) debido a su interés en la búsqueda de los orígenes del hombre (tendencia tan característica del origen de las vanguardias artísticas y que tanto clamor tuvieron gracias a nombres como Gauguin o el propio Cézanne). Citando al profesor José Jiménez, podemos concluir:

 “[…] No se trata, en absoluto, de renunciar a ellos [los objetos del arte “primitivo”], sino de proporcionar un nuevo marco categorial que profundice y enriquezca nuestra comprensión de los mismos. De entrada, es preciso insistir en la necesidad de evitar todo intento de generalización absoluta o abstracta de las formas y sus funciones, cualquier pretensión de alcanzar una síntesis, forzosamente genérica, de algo inexistente. Las formas y sus funciones se presentan dentro de una gran diversidad de contextos culturales, épocas y situaciones ambientes y de ahí sus diferencias de sentido […] “Más que una “historia” se trataría de esbozar un cuadro de manifestaciones antropológicas estructuralmente recurrentes, aunque diferenciadas en su particularidad, y que afectan a dimensiones cruciales de las culturas humanas” (1996, p.55).

Ruanda: el genocidio visible e ignorado

Ester Hernández Olive

El país africano de Ruanda vivió, en unos 100 días, una de las peores masacres de la historia reciente en 1994. Cien días que pudieron haberse evitado si se hubieran hecho caso de las alarmas en el país. Las consecuencias de ese mal ignorado por la comunidad internacional dejan en la actualidad a hijos nacidos de violaciones y exhumaciones en fosas comunes para recuperar los cadáveres de los asesinados en una guerra entre etnias que hoy en día se sigue trabajando para olvidar y perdonar.

El genocidio de población tutsi en Ruanda empezó en abril de 1994. El contexto de este grave conflicto tiene que ver en parte con el proceso de independencia de Ruanda. En 1959, el grupo étnico de los hutus derrocó al rey gobernante tutsi. Esto provocó que miles de tutsis fueran asesinados y una gran cantidad de personas, exiliadas a otros países vecinos. El hutu Juvénal Habyarimana llega a la presidencia de Ruanda mediante un golpe de estado en 1973. En 1990, el Frente Patriótico Ruandés (FPR) formado por hijos de exiliados tutsi, lanza un ataque contra Ruanda desde Uganda. Esto provocó más tensiones entre ambas etnias dentro del país y el presidente Juvénal firma los acuerdos de paz de Arusha 1993 con las guerrillas del Frente Patriótico Ruandés. Sin embargo, hubo problemas en cuanto a la aplicación de este acuerdo por la negativa de un sector del gobierno hutu.

El 6 de abril de 1994 hubo un atentado contra el avión en el que volaba el presidente ruandés Habyarimana y el de Burundi, Cyprien Ntayamira. Esa misma noche empezaron las primeras muertes y al día siguiente, la primera ministra de Ruanda, Agathe Uwiligiyimana así como diez soldados belgas de la ONU encargados de su protección fueron torturados y asesinados. Estas muertes aumentaron el odio de los hutus que comenzaron a asesinar a tutsis y a todo aquel que los defendiera. En aproximadamente 100 días, fueron asesinados 800.000 personas de etnia tutsi así como hutus moderados. Según los datos totales, se estima que un millón de personas fue asesinada, al menos 250.000 mujeres violadas, 95.000 niños ejecutados y unos 400.000 jóvenes huérfanos. También hubo miles de refugiados que huyeron a países vecinos como Burundi, Zaire (actual República Democrática del Congo) y Tanzania.

Fue en julio de ese mismo año cuando el FPR derrotó a las tropas hutus y tomó el control del país, finalizando así el genocidio. Se formó un gobierno presidido por Pasteur Bizimungo, de etnia hutu y Paul Kagame como vicepresidente, representante tutsi. En este contexto, la Organización de las Naciones Unidas patrocinó antes del genocidio, en 1993, la denominada Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Ruanda (UNAMIR) con el objetivo de implementar los acuerdos de paz de Arusha. Esta misión duraría hasta 1996 puesto que su duración y mandato tuvo que ser ajustado debido a los eventos que ocurrieron meses después, con el genocidio por parte de la comunidad hutu.

En un principio, la misión tenía como objetivos principales asistir para garantizar la seguridad de la capital, Kigali; controlar el cede de las hostilidades, incluyendo el establecimiento de una zona desmilitarizada y procedimientos de desmovilización; controlar la situación durante el periodo final del mandato del gobierno; ayudar en la limpieza de minas y asistir en la coordinación de asistencia humanitaria. La respuesta internacional en cuanto al genocidio perpetrado por la etnia hutu contra tutsis, según muchos artículos sobre el tema, fue lenta y no suficiente en un principio. De hecho, las tropas belgas fueron retiradas del país debido a sus soldados asesinados junto a la primera ministra. Hicieron lo mismo otros países y el 21 de abril, la misión UNAMIR redujo sus efectivos. Se calcula que, de 2.500, solo quedaron unos 270 efectivos.

Así mismo, la ONU tardó en llamar por su nombre a la sangrienta matanza que estaba ocurriendo en el país. Los llamaba “actos de genocidio”, en vez de genocidio ya que ese matiz implicaba la no intervención de fuerzas para acabar con ello. No fue hasta 2014, 20 años después, cuando la ONU reconoció públicamente su tardía intervención y disculpándose con las víctimas del genocidio. No solo tuvo que ver la tardía respuesta de las Naciones Unidas. El Frente Patriótico Ruandés demandó en la ONU que no intervinieran sus tropas. A finales de junio, el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó que Francia enviara ayuda humanitaria, bajo el nombre de Operación Turquesa, con la que se estableció una zona de protección humanitaria en el suroeste de Ruanda que terminó en agosto de 1994.

Como se ha indicado previamente, en julio las tropas del FPR tomaron el control de Ruanda y se comprometieron a declarar la paz y asegurar a la UNAMIR que cooperarían para que volvieran los refugiados ruandeses. Durante los siguientes meses al genocidio perpetrado, la comunidad internacional se volcó con Ruanda. Tras una estimación de los daños humanos causados en el genocidio, Naciones Unidas lanzó un llamamiento humanitario con el que se recaudó 762 millones de dólares para el país.

En cuanto a las culpas, un Comité de expertos creado por el Consejo de Seguridad de la ONU informó en septiembre que tenían evidencias claves para probar que sujetos hutus habían perpetrado actos de genocidio contra población tutsi. Un informe final se presentó en el Consejo de Seguridad en diciembre de ese año. UNAMIR siguió ofreciendo ayuda humanitaria, limpieza de minas o ayuda a refugiados a reasentarse en el país. Sin embargo, Ruanda pidió el fin de la ayuda de la misión, afirmando que no estaban respondiendo a las necesidades de la población. Finalmente, se atendió a la petición del país y la misión UNAMIR se marchó en marzo de 1996. Por otra parte, las donaciones para ayudar a la crisis humanitaria de Ruanda siguieron hasta llegar a los 617 millones de dólares para la reconstrucción del país.

Juicios del genocidio de Ruanda

El 8 de noviembre de 1994 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas crea el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR), ubicado en la ciudad tanzana de Arusha para juzgar los crímenes cometidos y procesar a los responsables del genocidio y otras violaciones en el territorio de Ruanda desde el 1 de enero al 31 de diciembre de 1994. El tribunal realizó sus primeras acusaciones en 1995 y los primeros juicios en 1997. El TPIR finalizó sus actividades en 2014, tras años retrasándose su cierre. Finalmente se condenó a 49 acusados a condenas de cárcel, 14 fueron absueltos, 10 transferidos a jurisdicciones nacionales, 9 no fueron juzgados y algunos fallecieron antes de ser condenados. Todos de etnia hutu.

En Ruanda se llevaron se juzgaron los crímenes cometidos en tribunales judiciales convencionales y tribunales comunitarios de justicia participativa llamados “Gacaca” que se formaron en 2001. Los tribunales Gacaca se implantaron como un sistema de justicia transnacional y que combinaba el derecho penal más moderno con procedimientos tradicionales. El funcionamiento era el de hacer participar a comunidades de personas responsables de elegir a aquellos que aprobarían las listas de personas sospechosas de haber participado en el genocidio. Tenían como objetivo aliviar la sobrecarga del sistema judicial y recuperar elementos de la justicia tradicional, así como hacer justicia, ayudar a los supervivientes del genocidio y sentar las bases para una reconciliación nacional.

Por otro lado, los tribunales Gacaca, fueron financiados por países europeos y contó con apoyo institucional. Aprobaron que se realizaran dos medidas esenciales: una de ellas contemplaba las indemnizaciones a las víctimas de genocidio. La otra medida era poner en marcha un programa permitiera que aquellos que infligieron daño a las comunidades, lo reparen para cumplir parte de su condena. Sin embargo, estas medidas no se llevaron a cabo lo rápido que se esperaba. Se puede concluir que estos tribunales tuvieron limitadas garantías procesales. Aunque hubo una aceptación por parte de la mayoría de los juicios rápidos con participación popular, se redujo el número de personas encarceladas y un mejor ambiente entre etnias, también se vieron notificadas violaciones al derecho de un juicio justo.

Respuesta tardía internacional

En 1999, la comunidad internacional y las Naciones Unidas seguían siendo acusadas de no haber prevenido el genocidio. En marzo de ese año, el Secretario General de la ONU, con la aprobación del Consejo de Seguridad, encargó una investigación independiente sobre las acciones de las Naciones Unidas y sus miembros durante el genocidio del país africano. En diciembre se publicaron los informes de la investigación. Se concluyó que el gran fracaso de la respuesta internacional fue la falta de recursos y voluntad política así como errores de apreciación de la envergadura de los acontecimientos en Ruanda. La investigación sirvió para que el secretario general, aceptara las conclusiones del informe y la voluntad de mejorar y aprender a prevenir o detener cualquier otra catástrofe internacional en el futuro.

El caso es que se ignoraron las alarmas que exponían los problemas que estaban por llegar en el país. Analistas políticos y miembros de Naciones Unidas redactaron informes sobre la situación que vivía Ruanda antes de que ocurriera el genocidio. Concretamente, el comandante de la misión UNAMIR, Romeo Dallaire advirtió a la ONU por medio de un fax en enero de 1994 en el que expresa que un alto cargo del grupo paramilitar Interahamwe le comunicó que los milicianos estaban preparados para matar a gente tutsi. También contaban con un gran arsenal de armas. La respuesta, firmada por el jefe de la misión de paz, Kofi Annan decía que se rechazaba cualquier tipo de operación “porque excede el mandato confiado a la UNAMIR”.

Medidas políticas después del genocidio

El gobierno presidido por Paul Kagame desde 2003 buscó borrar los recuerdos del genocidio en la población. Incluso se empezó a desechar la visión étnica de hutus o tutsis definiéndose, simplemente, como población ruandesa. En 2007 se creó la Comisión Nacional de Lucha contra el Genocidio con el objetivo de organizar una reflexión sobre el genocidio, las consecuencias de esta y estrategias para prevenir y erradicar. Sin embargo, no se puso en marcha. Sí lo hizo la Comisión Nacional por la Unidad y Reconciliación que sí buscó prevenir nuevos genocidios y promovió la convivencia entre etnias. También elaboró estrategias para superar el genocidio con educación cívica, movilizaciones de masas, conferencias y debates o lucha contra la pobreza.

Sin embargo, las víctimas tuvieron que aprender, de manera casi obligatoria, a vivir con los que fueron los perpetradores de los crímenes, algo que es difícil de llevar a cabo. Aunque hay declaraciones de personas que alegan que supieron perdonar a sus victimarios, no todos tienen la capacidad de ello y es difícil superarlo en poco tiempo.

Conclusiones

El de Ruanda fue un genocidio que pudo haberse evitado. A pesar de que la ONU proclamó el “nunca más”, el daño ya estaba hecho. Y fue un daño inútil en el que se perdieron miles de vidas en poco más de tres meses y aquellas personas que no murieron, fueron heridas, violadas o tuvieron que escapar de sus hogares. La construcción de paz en el país pudo ser mejor y más efectiva. Aparte de la tardanza en la que la comunidad internacional quiso intervenir, la población afectada no estuvo satisfecha con lo que llegaba porque no atendía a sus necesidades. La comunidad internacional ignoró un problema y no hizo nada por solucionarlo rápido. Ruanda y el genocidio que sufrió en 1994 hace cuestionar si esas misiones de paz son tan útiles cuando realmente se necesitan o si hay intereses políticos o de otro tipo que dificultan la consecución de estas misiones.

La minería artesanal de diamantes como herramientapara el desarrollo de Sierra Leona

Alejandro González González


Sierra Leona tuvo una sangrienta guerra civil causada por diferentes factores como las rivalidades étnicas y la interferencia externa de Liberia, ambas alimentadas por el tráfico de los denominados diamantes de sangre. El documento base del Kimberley Process (KPCS) define los diamantes explotados durante conflictos como “diamantes en bruto usados por movimientos rebeldes u otros aliados para financiar conflictos armados destinados a socavar gobiernos legítimos”. El conflicto hizo que Sierra Leona se convirtiera en el país más pobre del mundo, por lo que la recuperación es todavía complicada tanto en términos económicos como sociales. El país aún es uno de los más pobres del mundo, ocupando la posición 180 sobre 187. Las heridas del conflicto aún están abiertas, especialmente debido al uso de niños soldado y a la explotación de diamantes de sangre.

Contexto histórico de Sierra Leona

Con el objetivo de detener el tráfico de diamantes y para ofrecer una oportunidad de desarrollo a los países con estos recursos, el Kimberley Process se negoció a nivel internacional. En el ámbito local, los siguientes gobiernos después de la guerra intentaron implementar medidas financieras y diversificar la economía del país para aportar estabilidad a este, pero obtuvieron pobres resultados. En este contexto, nos preguntamos si sería beneficioso para Sierra Leona invertir en la industria del diamante a nivel local para alimentar su economía y si fue realmente efectivo el Kimberley Process en el país. En este trabajo argumentamos que el país debería fortalecer su posición con respecto a la minería artesanal del diamante para sacar provecho de esta preciada materia prima y, por otro lado, pensamos que, aunque el KPCS constituyó un buen paso para la paz, necesita una revisión.

El control británico del territorio de la actual Sierra Leona comenzó en el siglo XVIII. Entonces, esclavos liberados del imperio fueron trasladados al país, produciendo importante cambio en la sociedad de Sierra Leona. Este cambio fue tanto demográfico como político puesto que los criollos se convirtieron en la élite del país. Esta mezcla de población conformó una pirámide con diferentes grupos étnicos. Los principales fueron los Mendes y los Temnes. Ambos representan sobre el 60% de la población total y mantienen rivalidades históricas. Otros grupos minoritarios que también tienen relevancia son los Limbas -8%- y los criollos -2%-.

Después de la independencia del país, el presidente que tomó el poder provenía de la etnia Mende. Este favoreció a su propio colectivo, desarrollando la desigualdad entre los diferentes grupos. Tras casi una década en esta situación, el APC, un partido político de raíces limba se hizo con el poder durante prácticamente 15 años. Durante esta presidencia, los diferentes grupos étnicos alcanzaron una inconmensurable equidistancia.

Con el estallido de la guerra civil en la vecina Liberia, Sierra Leona jugó un papel clave en la formación de un destacado militar internacional para evitar que Charles Taylor, líder rebelde, tomara Monrovia. Como consecuencia de esto, Taylor planeó la caída del APC para conseguir la retirada de las tropas internacionales. Así, fomento la creación del Frente Unido Revolucionario, dirigido por Foday Sankoh, de origen temne.

La guerra civil de Sierra Leona comenzó en el sur del país, pero se extendió a lo largo de todo el territorio. Durante casi diez años, la violencia devastó el país en un contexto de profunda inestabilidad. La subida al poder de Taylor en Liberia en 1997 fortaleció al Frente Unido Revolucionario a través del tráfico de diamantes, conocidos como diamantes de sangre, entre ambos. La venta de diamantes dio más resistencia y poder a los rebeldes, que no contaban con los mismos medios de que los gobiernos. De este modo, los el tráfico ilegal prolongó el conflicto. La lucha por los depósitos de diamantes causó más de 50.000 muertes, además del desplazamiento de decenas de miles de personas. Asimismo, también hubo niños soldados, que fueron explotados en las minas de diamantes, y los rebeldes usaron tácticas de terror como la amputación de manos y brazos entre los civiles.

En 1999 se firmó la Paz de Lomé: el Gobierno y el Frente Unido Revolucionario acordaron una hoja de ruta que incluía el cese de hostilidades y el reparto del poder. Sin embargo, los rebeldes no cumplieron con el acuerdo y rápidamente volvieron a la lucha armada. Con esta situación, tropas británicas desplegaron una operación de larga escala que supuso el punto final para los rebeldes en el año 2000.

Al mismo tiempo, la comunidad internacional negoció el Kimberley Process Certification Scheme (KPCS), que se implementó en 2003. Este marco buscaba “eliminar la presencia de diamantes de conflicto en la cadena de producción, exportación e importación de diamantes en bruto” entre los países participantes. Bajo el KPCS, cualquier envío de diamantes debía ir acompañado de un certificado. Ahora, Sierra Leona necesita fortalecer su modelo económico a través del empoderamiento de la minería artesanal de diamantes, también para cerrar las heridas del periodo de guerra. El camino hacia el desarrollo ya se ha iniciado por ejemplo, con acciones como la construcción de nuevas carreteras y la llegada de la electricidad a las grandes ciudades.

Discusión

Como dijo el expresidente del país en 2003 “la limpieza de la industria del diamante es necesaria para asegurar que este valioso material beneficia a la población del país y que las mezquinas prácticas asociadas a la minería y venta de los diamantes quedan definitivamente eliminadas”.

Aunque algunos autores argumentan que favorecer la minería de diamantes en países con la “maldición de los recursos” es un error, otros sugieren que la estereotípica visión de los impactos negativos de la minería del diamante está lejos de representar una certera imagen de la realidad. Creemos que, en el caso de Sierra Leona, esta actividad puede llevar a un fortalecimiento de la economía y una primera aproximación hacia la resolución de los conflictos sociales entre los grupos éticos y para la gente que sufrió las consecuencias de la explotación ilegal de diamantes para financiar la guerra. La minería artesanal puede llevar al país hacia el desarrollo. De hecho, algunos observadores han comentado el impacto de la contribución de los diamantes para la construcción de infraestructuras de Sierra Leona. Sin embargo, Le Billon y Levin puntualizan la importancia de establecer medidas locales de forma anterior para después observar la contribución de esta actividad para el desarrollo .

Sierra Leona sigue teniendo mercados financieros infradesarrollados, con las consiguientes limitaciones en la movilización de los recursos y el estancamiento del crecimiento económico. Ante esto se intentaron desarrollar reformas políticas y financieras durante los 90 pero las reformas no pudieron detener los abusos de poder por parte de las autoridades nacionales y locales. Como consecuencia, los fondos de desarrollo estuvieron sesgados por los intereses personales de los jefes locales. Además, “el proyecto de gobernanza democrática para la minería artesana del diamante fue reemplazado por otro orientado a la industrialización, impulsada por la élite con beneficios fiscales cuestionables para el Estado” 19 . Por consiguiente, estas medidas no fueron suficientes para estimular la inversión privada y el crecimiento económico20 . De hecho, de acuerdo al FMI, el crecimiento real del PIB cayó a una media de -4.5% cada año entre 1990 y el año 2000 . Desde esta fecha, el país experimenta un importante pico de crecimiento en 2002, pero los siguientes años el crecimiento fue tímido y volvió a decaer en 2015 como consecuencia de la inestabilidad general del país en ámbitos como el político, el institucional o el económico . Una investigación realizada por Kargbo y Adamu muestra que el desarrollo financiero alimentó el crecimiento económico a través del aumento de la inversión. Además, Le Billon y Levin explican que “el afán del gobierno para aumentar la inversión extranjera, mejoró el retorno fiscal, limitó la corrupción y legitimó la industrialización”. Por estas razones, las reformas financieras son necesarias tanto a nivel micro como macro para empoderar a la población local y, al mismo tiempo, dar confianza a la inversión extranjera. De no ser así, si el crecimiento económico no es percibido en el ámbito local, este perjudicará las prácticas artesanales de extraer diamantes en favor de los métodos industriales.

En el mismo sentido, Le Billon y Levin argumentan que un mayor conocimiento sobre seguridad, que incluiría derechos humanos y calidad de vida local, es necesario para impulsar el sector minero artesanal. También consideran que los intentos de fomentar la industrialización a expensas del empoderamiento de los esfuerzos locales, puede promover la corrupción y la falta de transparencia . Aunque consideran que la industrialización debe ocupar un lugar en el sector de los diamantes de países afectados por conflictos, apuestan por reforzar el desarrollo de la industria artesanal para hacer frente a las necesidades de la depauperada población local y aprovechar el potencial de las comunidades en la explotación del diamante.

Si queremos alcanzar el desarrollo sostenible y democrático del país, las futuras políticas deben estar basadas en una detallada comprensión de las relaciones entre la minería del diamante y el desarrollo rural. En este sentido, algunos autores han estudiado el impacto de la minería artesanal en comunidades locales y han observado excelentes resultados de fortalecimiento del sector agrícola e índices superiores de vida social y en comunidad entre la población local que sufrió los horrores del tráfico de diamantes. Un estudio llevado a cabo en los 70 por Binns demostró que los lazos entre los sectores agrícolas y mineros fueron beneficiosos para ambos y, por tanto, para los intereses nacionales de Sierra Leona. De acuerdo al estudio, las comunidades produjeron mayores cantidades de cultivos alimentarios para la venta a la población minera, de modo que pudieron reinvertir esos ingresos en sus hogares, familias y en la expansión a cultivos comerciales como el café, el cacao o los cítricos Un estudio posterior, desarrollado en 2004 por Maconachie y Binns, mostraba que muchos ciudadanos locales “sintieron que la minería del diamante ofrecía una vía de esperanza para financiar la reconstrucción de sus medios de vida” . Además, el refuerzo del sector minero artesanal podría ser una Buena solución para que la población local olvidara el horror de la guerra. Maconachie explica que la Vuelta de gente joven a sus pueblos de origen ayudará a resurgir la cooperación comunitaria en el país proveyendo “una base más duradera, sostenible y democrática en los próximos años”. De hecho, la minería artesanal es uno de los que más emplea en el país, creando un puesto de trabajo por cada 200.000 personas.

Con respecto al Kimberley Process, aunque está claro de que no ha sido una política perfecta, hay que reconocer que el sistema ha sido exitoso en la reducción del comercio de diamantes de sangre. Resultados de 2006 muestran que más del 99% de los diamantes en bruto en circulación estaban certificados y provenían de fuentes ajenas al conflicto. Además, otros análisis muestran que el 99.8% de las exportaciones de los diamantes en bruto mundiales provienen de miembros del Kimberley Process. Ian Smillie estima que solo entre el 5% y el 10% de los diamantes mundiales son comerciados ilegalmente comparando con el 25% anterior a 200331 y hay autores que consideran que esta cifra es incluso inferior descendiendo hasta el 4% en 2009 gracias a la implementación de este programa.

A pesar de esto, la definición no tiene en cuenta los diamantes comerciados por parte de los gobiernos a través de vías corruptas al no ser considerados grupos rebeldes. En ese sentido, es necesario cambiar la definición de diamantes de sangre para incluir también a los gobiernos que también trafican ilegalmente con ellos. Por otro lado, Le Billon y Levin proponen que el KPCS también debería “ayudar a aumentar los ingresos de los mineros artesanos a través de la promoción de estándares y certificados de ‘comercio justo’ y ayudando reestructurar la industria para redireccionar algunos de los beneficios producidos a lo largo de la cadena de valor hacia las comunidades locales” . Asimismo, Maconachie y Binns denuncian que el KPCS hizo “poco para abordar la pobreza y las condiciones laborales a las que los mineros artesanales tienen que enfrentarse diariamente”, por lo que un proceso más comprometido con la subsistencia local también es necesario.

Conclusiones

La promoción de la minería artesanal del diamante en Sierra Leona produciría tanto beneficios económicos como sociales, puesto que el empoderamiento del sector aumentaría la transparencia y, entonces, también una rentabilidad de los recursos más compartida entre todos. Sin embargo, algunos pasos son necesarios para generar un terreno próspero para el sector. Por ejemplo, las economías locales y las compañías industriales deberían estar más integradas y sería aconsejable desarrollar reformas financieras.

En términos económicos, sería importante mejorar el acceso rural a lo financiero a través de microcréditos para potenciar a la población y al sector artesanal, así como al agrícola. A largo plazo, existe la necesidad de aumentar la resiliencia del sistema financiero para estabilidad la economía del país y reforzar la transparencia de las transacciones con diamantes, creando un círculo de estabilidad en el que los niveles micro y macro contribuyen a toda la cadena de desarrollo.

Además, aunque los esfuerzos deberían estar destinados a ayudar a las comunidades relacionadas con la minería artesanal para que puedan también reorientarse hacia otros sectores económicos, la minería artesanal también se ha mostrado como una buena forma de empoderar a la población local y a la economía sierraleonesa. A nivel internacional, aunque está claro que el Kimberley Process no ha sido una política perfecta, debemos reconocer que el sistema ha sido exitoso en la reducción del comercio de diamantes de sangre. Sin embargo, es necesario modificar la definición de este producto comercial para incluir también a los gobiernos que trafican ilegalmente y orientarlo hacia un marco en el que haya un mayor compromiso hacia el fortalecimiento del sector artesanal y como soporte de las difíciles condiciones de vida de muchos habitantes del país.

En conclusión, Sierra Leona tiene oportunidades para el crecimiento. Las nuevas carreteras de las que dispone el país, así como el acceso a la electricidad en las principales ciudades, ayudan a fomentar el progreso del país para el futuro. Hasta que el país no entienda que los diamantes son una muy buena fuente para el desarrollo, estos seguirán causando controversias e impedirá cerrar heridas. Sin embargo, si Sierra Leona empodera a sus comunidades locales y refuerza la minería artesanal, podrá comenzar a revertir su “maldición de los recursos”.


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Una banda sonora para las elecciones de Uganda de 2021

César Bonilla Muñoz

“¿Cómo puedo ser un extranjero en África?” Esta es la pregunta que resuena en el último tema del ugandés Bobi Wine, Xenophobia, estrenado junto a su compañero de escenario, Nubian Li, el pasado 30 de abril de 2021. Con él, ambos músicos critican un continente que sigue marcado por las fronteras de la conferencia de Berlín y aún se comporta como una herramienta colonial más en el escenario internacional. Ante esto, Bobi Wine y Nubian Li aportan una solución clara: la unidad africana.

“Cambia. Unámonos. Fíjate: somos uno. Tenemos que cuidarnos los unos a los otros.” Con estas palabras, Bobi Wine pretende despertar a una población africana que, aún estando dormida, se ha olvidado de perseguir el sueño de la democracia. “Me alegro por países como Ghana, Sudáfrica y Botswana, que gobiernan bajo el abrigo de la democracia. Sin embargo, en otros como Uganda, donde la democracia es una mera ilusión, empoderar al pueblo es un deber. Por eso, animo a las juventudes africanas a involucrarse en la política de su nación, a participar en las elecciones y a movilizar a sus iguales; porque sólo así descubrirán que la política es un recurso creado en su beneficio.”, declara el artista en una entrevista con un medio alemán.

Predicando con el ejemplo, Bobi Wine, que se define en su cuenta de Twitter como “un chaval de suburbio que tiene algo que decir a través de la música”, se subió al tren de la política en 2017. Su gran influencia popular le proyectó a la victoria en las elecciones parciales para el distrito este del condado de Kyadondo, ganando con un amplio margen a los candidatos de Movimiento de Resistencia Nacional (NRM), que gobierna el país desde 1986, y de Foro para el Cambio Democrático (FCD).

No fue hasta las elecciones primarias de Arua, en 2018, que Robert Kyagulanyi, más conocido por su nombre artístico, alcanzó fama internacional. En ellas, el artista y político ugandés apoyaba a Kassiano Wadri, aspirante que finalmente se alzó victorioso en las urnas. Este nuevo éxito no fue celebrado por el gobierno ugandés. Lejos de ello, Museveni, actual presidente del país, decidió encarcelar a Bobi Wine y tachar su creciente popularidad de peligro para la seguridad nacional. Todo ello derivó en el estallido de tumultuosas protestas en Kampala y la conversión del hashtag #FreeBobiWine en un himno en redes sociales.

Tampoco este año 2021 ha sido fácil para Wine. El artista decidió presentarse a las elecciones generales como candidato de la Plataforma por la Unidad Nacional (NUP en inglés). Respaldado mayoritariamente por una juventud ugandesa frustrada por la mala gestión del NRM de los recursos del país, Bobi Wine se alzaba como un prometedor aspirante para derrocar a Yoweri Museveni de su crónico puesto de Presidente. Sin embargo, el proceso pre-electoral no estuvo libre de contrariedades. Las protestas que cubrieron las calles del país en denuncia de la transición del gobierno de Museveni hacia un régimen autocrático, como el que se instaló en Uganda con el dictador Idi Amin, fueron brutalmente acalladas por las fuerzas del Estado, cobrándose las vidas de más de 300 civiles. Asimismo, Bobi Wine denunciaba desde su arresto domiciliario el pasado 11 de abril “la desaparición, tortura y detención arbitraria de 623 miembros y simpatizantes de su partido”.

El 14 de enero de 2021, NUP tan sólo alcanzó el 35% de los votos en unas elecciones tachadas de fraudulentas por el líder de la oposición. A pesar de la derrota en las urnas, Bobi Wine argumenta que “sus ambiciones no eran únicamente la Presidencia, sino destapar la corrupción del régimen que actualmente gobierna el país”. “El mundo veía a Museveni como un demócrata. Nosotros hemos sido capaces de mostrar el tipo de persona que dirige esta nación”, declaraba Kyagulanyi, que ya ha demandado la investigación por parte del Tribunal Penal Internacional de la situación política ugandesa.

Contexto histórico-político de Uganda: la era Musevini

Uganda alcanzó la independencia en 1962, tras 68 años de dominio británico. Los primeros pasos de la joven nación estuvieron marcados por conflictos heredados de la división territorial colonial del país. La sucesión de los regímenes de Milton Obote (1962-1971) e Idi Amin (1971-1979) derivaron en la desestructuración total de la economía y la vida social ugandesa, que alcanzó su máximo a principios de los años ochenta. El tinte dictatorial de dichos gobiernos, el acoso a la población civil –se calcula que medio millón de personas fueron asesinadas bajo la administración de Idi Amin-, y la profunda inestabilidad política derivaron en el estallido de una guerra civil en Uganda en el año 1981.

La guerra llegó a su fin en 1986 con la subida de un joven Yoweri Museveni al poder. Museveni se encontró una Uganda totalmente destruida por los estragos que el conflicto
armado había dejado en el país. No obstante, a principios del siglo XXI, Uganda ya daba muestras de una clara recuperación con respecto a su turbulento pasado. Las políticas de liberalización económica llevadas a cabo por el NRM permitieron a la nación alcanzar un cierto nivel de estabilidad económica gracias a la ayuda de la inversión extranjera. Igualmente, la redacción de la Constitución de 1995, donde se prometían derechos individuales y la separación de poderes, junto a la desarticulación de las disputas armadas en prácticamente la totalidad del país simbolizó la integración de Uganda en el camino de la paz y la democracia.

No obstante, en la práctica, la situación ugandesa no es tan prometedora. A pesar de su reciente crecimiento económico, Uganda es dependiente del capital de países occidentales y se sitúa entre una de las primeras naciones con mayor deuda externa de todo el continente. La riqueza tampoco se ha distribuido de manera equitativa: el norte de Uganda persiste sumido en la pobreza y una violencia brutal perpetrada por el grupo terrorista Lord’s Resistance Army (LRA).

En cuestiones democráticas, la visión de Museveni quedó clara con la instauración en 1995, a través de la Constitución ya mencionada, de un sistema político que rechaza la existencia de partidos y reconoce una única organización política de la que todos los ugandeses forman parte: el NRM. El polémico artículo 269 de esta añadía la prohibición de “llevar a cabo cualquier tipo de actividad que pudiera interferir con el NRM”; lo cual, básicamente, prohibía el derecho de asociación en Uganda e imposibilitaba las campañas de otras potenciales fuerzas políticas de la nación.

Presentándose como candidato independiente, Kizza Besigye protagonizó el primer escándalo electoral de la Administración Museveni en las elecciones generales de 2001. El aspirante a la Presidencia del país se vio obligado a exiliarse de Uganda tras desoír la norma 269 y desplegar una campaña pre-electoral marcada por la violencia y las intimidaciones del gobierno. A pesar de la derrota de Besigye, que acumuló un 28% de los votos, la tensión de las votaciones atrajo la mirada internacional y forzó a Museveni a realizar un referéndum en el que la mayoría ugandesa decidió instaurar el multipartidismo en la nación en 2006.

Aun así, este nuevo sistema no se ha traducido en unas elecciones más libres. En todos los comicios celebrados desde entonces, las votaciones han sido tachadas de fraudulentas
y la oposición ha denunciado las amenazas recibidas por el gobierno de Museveni, que el pasado 2021 cumplió 35 años en el poder de Uganda.

Las elecciones de 2011. Un ejemplo de discreción

En 2011 todo apuntaba a la caída en picado de la popularidad del gobierno de Museveni y su derrota en las elecciones. Las revueltas en Túnez y Egipto llevaron el espíritu de la Primavera Árabe a la conocida como “perla de África” y el caso de Costa de Marfil, sumido en las consecuencias de unas tensas elecciones en 2010, hizo cuestionarse a las potencias del continente su concepto de democracia.

El contexto nacional tampoco parecía favorecedor para el Presidente ugandés. El año se abría con las protestas pacíficas por la dramática subida del precio del petróleo en el país, directamente relacionada con los desmesurados gastos del gobierno para costear la campaña electoral de Museveni. Igualmente, había salido a la luz la implicación del Jefe de Estado en la desaparición de más de 1 millón de dólares de fondos públicos destinados a la organización de la Reunión de Jefes de Gobierno de la Commonwealth de 2007. Por último, el intento de restar autonomías al reino de Buganda, la autoridad tradicional más importante de la nación e institución étnico-cultural a la que pertenece el 17% de la población ugandesa, no fue bien recibido y derivó en violentos disturbios, que acabaron con el incendio de la Tumba de los reyes de Buganda en Kasubi en marzo de 2010.

Ante esta serie de desaciertos por parte de Museveni, la oposición se frotaba las manos, augurando unos prometedores resultados que, finalmente, nunca llegaron. Besigye, de vuelta de su exilio en Sudáfrica, volvió a presentarse candidato a la Presidencia de Uganda en 2011. De nuevo, el aspirante fue derrotado por Museveni en las urnas, incluso con un margen mayor que en años anteriores.

¿Cómo fue posible que ante la pérdida del voto de la población baganda y los escándalos de corrupción Museveni siguiera en el poder? Sencillamente, siguiendo la estrategia de adaptarse o morir. A sabiendas de las tendencias democratizadoras globales y temiendo un episodio similar a la caída de Hosni Mubarak en Egipto, Museveni optó por la moderación. La violencia y los excesos de autoridad del Presidente de Uganda en las elecciones previas habían sido sonados a escala internacional. Sin embargo, en 2011 lo último que el líder del NRM buscaba era llamar la atención.

Museveni decidió relegarse a un discreto segundo plano en su propia campaña electoral, otorgando el protagonismo a las Fuerzas Armadas de la nación, donde contaba con un gran apoyo, y prestando una tolerancia inconcebible a las campañas de la oposición. La presencia militar se hizo cada vez más tangible en las calles de Kampala, donde muchos altos cargos del Ejército ugandés se permitieron afirmar que no aceptarían otro Presidente que no fuera Museveni. Paulatinamente, las milicias del Estado también se comenzaron a abrir paso en el abnegado norte de Uganda, donde Museveni comenzó a ganar popularidad. Todo esto, sumado al estricto control de las telecomunicaciones por parte del Estado los días previos a la votación, hizo que Museveni pudiera soslayar los numerosos reveses de 2011 y volviera a alzarse Presidente con cerca de un 70% de los votos.

Las elecciones de 2021, Bobi Wine y el futuro de Uganda

Las elecciones de 2021, al igual que las acontecidas diez años antes, pese a proclamar vientos de revolución, no han conseguido materializarse en un cambio verdadero para Uganda. La historia parece repetirse: una oposición tan prometedora como reprimida por el Gobierno, unos comicios tildados de fraudulentos y la victoria final de Museveni en las urnas.

No obstante, en esta ocasión la violencia post-electoral ha sido desmesurada. Tanto, que Naciones Unidas decidió tomar cartas en el asunto el pasado abril de 2021 y enviar un comunicado al Gobierno ugandés con el que pretendía dar fin al acoso sufrido por la oposición. En este se insta a las autoridades ugandesas a investigar y procesar de forma inmediata y exhaustiva todas las violaciones de derechos humanos, incluidas las denuncias de ejecuciones extrajudiciales, detenciones y encarcelamientos arbitrarios; las desapariciones forzadas, torturas y malos tratos; la privación de las debidas garantías procesales; y los atentados contra la libertad de expresión y de reunión pacífica. «El recorte de la libertad de prensa y de los medios de comunicación, la intimidación, los malos tratos y las agresiones a los periodistas que cubren las elecciones, y especialmente a los de la oposición, es sencillamente inaceptable. El Gobierno debe ofrecer soluciones inmediatas y reparación a todas las víctimas», afirmaban los expertos de la organización.

A pesar del aviso de Naciones Unidas y de las insistentes demandas de Bobi Wine de invalidar el resultado de las elecciones, el 12 de mayo de este año Museveni juró su sexto
mandato en una ceremonia de investidura a la que acudieron 4300 invitados, entre ellos la presidenta tanzana, Samia Suluhu Hassan y su homóloga etíope, Sahle-Work Zewde.

Con este juramento, el Jefe de Estado ugandés pone punto y final a las definidas por Wine como “las elecciones más fraudulentas de la historia del país”. A pesar de esto, el músico y líder opositor parece optimista: “Sabemos que los dictadores no abandonan el poder por arte de magia. Sólo hace falta echar un vistazo a la Historia. Podemos ver cuánto tiempo y cuánto esfuerzo supuso para los sudaneses deponer a Bashir o para los egipcios acabar con el régimen de Hosni Mubarak. Mirando esos ejemplos, revivo las palabras de Mandela: todo parece imposible hasta que se consigue.”

Quizás Bobi Wine tenga razón y sólo se requiera tiempo y esfuerzo para que la democracia logre llegar a territorio ugandés. Sin embargo, el país parece llevar más de 30 años condenado a la ley del eterno retorno. ¿Será Bobi Wine quien acabe con el longevo régimen de Museveni o seguirá la misma suerte que Kizza Besigye? Todo apunta que habremos de esperar a las próximas elecciones de la nación para descubrirlo.

Bibliografía

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  • Gilbert Muruli Khadiagala. (1999). Sowing the Mustard Seed: The Struggle for Freedom and Democracy in Uganda. 12/05/2021, de Washingtonpost.Newsweek Interactive.
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  • Angelo Izama, Michael Wilkerson. (2011). Uganda: Museveni’s Triumph and Weakness. 12/05/2021, de Project Muse
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  • Reuters Staff. (2021). Uganda’s Bobi Wine asks ICC to investigate rights abuses. 12/05/2021, de REUTERS
  • DisplayNews. (2021). Uganda: UN experts extremely concerned at serious rights violations linked to general elections. 12/05/2021, de NACIONES UNIDAS. DERECHOS HUMANOS
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Emmanuel Macron ¿un cambio en la relación Francia-África?

Paula Barahona

15 de febrero de 2017. El entonces candidato presidencial Emmanuel Macron se encuentra de visita en Argelia. Allí decide conceder una entrevista a Khaled Drareni (tristemente de actualidad durante los últimos años por su injusta encarcelación), un referente del periodismo libre en el país. Tras una cuestión acerca del impacto de la colonización francesa en Argelia, Macron responde ‘la colonización forma parte de la historia francesa. Se trata de un crimen, un crimen contra la humanidad, una auténtica barbarie. Y forma parte de ese pasado que debemos mirar de cara y presentar nuestras excusas’. Otros responsables políticos franceses como Hollande o Sarkozy habían reconocido la injusticia del régimen colonial, con mayor o menor energía, pero nunca emitido unas palabras tan claras, y fieles a la realidad. Tres meses después, se convierte en presidente.

Desde los años 60, un término se encuentra ligado a la política exterior francesa: ‘Françafrique’ (especialmente durante gobiernos como el de Mitterrand). Este hace referencia a la relación neocolonial de Francia con sus ex colonias en términos económicos, políticos y culturales. Además de la presencia de redes paralelas que unen política y negocios. Inmerso en la campaña electoral, Macron indicaba en una entrevista al periódico Le Monde Afrique que era de interés para Francia la escritura de una nueva página en la relación con África. También afirmaba la necesidad de defender el respeto a los principios democráticos africanos, sostener la Unión Africana y escuchar a la sociedad civil y la juventud. Precisamente fue en noviembre del 2017, durante sus primeros meses de gobierno, cuando pronunció un discurso dirigido a esta juventud africana en la Universidad de Ouagadougou. Remarcando propósitos como la ruptura con sus predecesores, el distanciamiento de la Françafrique y la búsqueda de nuevas relaciones francoafricanas lejos de la injerencia. Buscando dibujar una nueva imagen de África y convencer a una juventud africana crítica con Francia.

Abril del año 2021. Tras todos los discursos, entrevistas e ideas sobre el papel, ¿cuál es el balance 4 años después de la política de Macron respecto al continente africano? En los siguientes puntos, se intenta poner luz sobre algunos de las iniciativas y momentos más relevantes de la relación Francia – África de la mano de Macron durante estos años. ¿Ha supuesto este mandato un cambio real en la relación francoafricana? ¿Hacia qué dirección? ¿O se trata de medidas cosméticas? ¿Estamos ante el fin de la Françafrique o todo lo contrario?

El Franco CFA

Durante una visita de Macron en diciembre del 2019 a Costa de Marfil, se acordó y anunció el fin de franco CFA de África Occidental. Aunque esto pudo suponer una ‘sorpresa’ para una parte de la población, no lo fue para gran cantidad de ciudadanos de 8 países de África occidental (pertenecientes a la UEMOA – Unión Económica y Monetaria de África Occidental) que venían reclamando su final desde hace décadas. Impuesto en 1945 por decreto en las colonias de África Occidental, este vestigio colonial era criticado al perpetuar el control económico francés sobre sus ex colonias. Facilitando la actuación de empresas francesas en el continente, pero obstaculizando el desarrollo de industrias autóctonas. El 50% de las reservas se almacenaban en el Tesoro Francés, Francia poseía un representante en el Banco Central de África del Oeste y se aseguraba la paridad frente al euro. La nueva moneda conocida como Eco mantendrá este último punto, continuando ligada a la fluctuación del euro. Esta decisión divide a los defensores (baja inflación, estabilidad monetaria) y detractores (efectos negativos en las exportaciones y su capacidad competitiva, fuga de flujos financieros hacia Europa). Es importante no olvidar, que el franco CFA de África Central seguirá en uso.

La idea de una moneda común en África Occidental llamada Eco no fue creada a raíz del ascenso de Macron ni su decisión de poner fin al franco CFA. Desde la creación de la CEDEAO/ECOWAS (Comunidad Económica de Estados de África Occidental) en 1975, surgió la idea de instaurar una moneda común en la región. La medida anunciada por Macron y Alassane Ouattara, solo afecta a 8 de15 estados de la CEDEAO: aquellos que pertenecen a la UEMOA. Países anglófonos con gran peso en la región como Nigeria y Ghana, no pertenecientes a este grupo y que tienen monedas nacionales propias ajenas al franco CFA, no se habrían tomado bien la decisión unilateral de la UEMOA de entrar en el Eco. O lo que sería ‘su propio Eco’, diferente al diseñado en el seno de la CEDAO, ya que países como Nigeria no están de acuerdo en depender del euro. Habrá que ver si estos países deciden unirse con sus vecinos en el marco de un Eco único y consensuado. La entrada en vigor del Eco de los ex países con franco CFA, tenía por fecha inicial el 2020. La pandemia, la crisis económica y la falta de entendimiento entre países de la UEMOA y sus vecinos, solo ha servido para retrasar la entrada en vigor de esta moneda en suspenso. A esto se suma que el anuncio de Macron y Ouattara se llevó a cabo antes de crear un Banco Central, fabricar billetes, adaptar los sistemas informáticos…

¿Se trata de una medida con impacto real en la economía continental? ¿Modifica de raíz la relación económica neocolonial de Francia con el continente africano? ¿O es un cambio cosmético de cara a mejorar la imagen de Francia en el continente a la par que reforzar la imagen de líderes africanos frente a las protestas de su pueblo?

El caso de Argelia

Si hay una expresión usada por Macron en relación a África y la colonización, y especialmente en los últimos tiempos ligada a Argelia, es ‘la reconciliación de las memorias’. Persiguiendo este fin, Macron encargó al historiador Benjamin Stora en julio del 2020 un trabajo de reflexión de la memoria franco-argelina. Entre los objetivos perseguidos, lograr un acercamiento político con Argelia. No solo por la historia conjunta que los une, también debido al interés geopolítico del país (Libia, inmigración, Sahel, terrorismo). Buscando además apaciguar los ánimos de una población francesa y argelina cada vez más polarizada en cuanto a la memoria colonial. Mientras que el régimen argelino se sirve de guerra de independencia y la lucha por la liberación para legitimarse en el poder y evitar tratar temas polémicos, en Francia decenas de miles de personas siguen ligadas al drama de la guerra de Argelia y la descolonización (harkis, combatientes, inmigrantes, pied-noirs).

El 20 de enero del 2021, el esperado informe Stora fue entregado a Macron. En él, se emiten recomendaciones de cara a apaciguar la relación memorial entre ambos países en algunos ámbitos hasta entonces ignorados y evitados en la política francesa. Stora recomienda la creación de una comisión de ‘Memoria y Verdad’ que
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impulsará iniciativas memoriales entre ambos países y recogerá testimonios de testigos de la guerra. Además, recoge iniciativas como la conmemoración de varias fechas ligadas la memoria franco argelina, la construcción de un monumento homenaje al Emir Abdelkader, la panteonización de la abogada Gisèle Halimi, la apertura de una investigación sobre los sucesos de Oran en 1962 y la preservación de cementerios judíos y europeos en Argelia. También propone renombrar calles en Francia, facilitar las estancias de investigación de historiadores argelinos en Francia para poder consultar los archivos que allí reposan, favorecer la difusión de trabajos de historiadores y otras medidas culturales (creación de un museo de historia, exposiciones, coloquios). Por último, trata temas que despiertan gran controversia a ambos lados del mediterráneo como los harkis (libertad de desplazamiento), los ensayos nucleares franceses en Argelia (tratamiento de las secuelas), los archivos coloniales sacados de Argelia por Francia (reactivación de un grupo de trabajo), el peso y enfoque de la historia de Francia en Argelia en las escuelas (aumentar el espacio tratando tanto la guerra como la colonización) y los desaparecidos (clarificación de los casos).

Siguiendo otra de las recomendaciones de Benjamin Stora en su informe, Macron reconoció públicamente en marzo de este año la responsabilidad del Estado francés, y su ejército, en la tortura y posterior asesinato del abogado nacionalista argelino Ali Boumendjel en 1957. Rompiendo con el discurso oficial hasta entonces de Francia: un suicidio. En 2018 Macron ya reconoció, siendo el primer jefe de Estado en hacerlo, el papel del ejército francés en el asesinato y tortura del matemático, anticolonialista y militante del partido comunista argelino Maurice Audin en 1957. Estos actos de reconocimiento demuestran el poder sin límites que el ejército francés tenía en esos años en el país. Aunque hablan de tortura, la verdadera extensión de este fenómeno ‘institucionalizado’ durante todo el periodo de la Argelia francesa aún continúa invisibilizado. Al igual que las violaciones y torturas sexuales masivas que se llevaron a cabo por algunos soldados franceses.

Si bien es cierto que Macron ha sido el presidente francés que más lejos ha llegado en el reconocimiento de los abusos y violencias francesas en Argelia junto con la realización de un trabajo memorial, será clave en los próximos meses y años ver cómo se materializan las recomendaciones de este informe. Si las víctimas de los ensayos nucleares reciben el reconocimiento justo. Si los archivos son abiertos. Y otros muchos hechos más allá de las palabras. También, qué respuesta ofrecerá el régimen argelino a este intento de acercamiento por parte de Francia. Por el momento, en Argelia Macron es criticado desde ambos lados del tablero político. El movimiento popular prodemocracia Hirak, critica las palabras de Macron en 2020 en una entrevista televisiva donde dijo estaba dispuesto a hacer todo lo posible para ayudar al presidente Tebboune en el periodo de transición. Presidente que el Hirak considera ilegítimo, autoritario, heredero del antiguo régimen y cuyas prácticas antidemocráticas y restrictivas a la libertad de expresion son un hecho. El gobierno argelino no ha dudado en indicar la ‘excesiva cercanía del embajador de Francia en Argelia con la oposición’. Ambos campos parecen ver la postura de Macron, y Francia, como una nueva injerencia de la potencia ex colonial.

Las relaciones con Ruanda

Cuando Macron llega al poder en 2017, las relaciones Francia – Ruanda no pasaban por sus mejores momentos después de décadas tensas tras el genocidio de Ruanda (1994). El ahora presidente de Ruanda, Paul Kagame, dirigía en los años 90 el Frente Patriótico Ruandés (FPR) de mayoría tutsi que puso fin al genocidio llevado a cabo por el entonces gobierno hutu extremista en el país. Del cual Francia era socio y aliado de gran cercanía. Lo que ha originado continuas críticas de Paula Kagame hacia Francia por complicidad de genocidio. Ruptura de relaciones diplomáticas, procesos judiciales y retiradas de embajadores fueron actos comunes entre Francia y Ruanda las décadas posteriores al genocidio. En 2010 Nicolas Sarkozy visitó Ruanda, siendo el primer presidente francés en hacerlo después del genocidio, y reconoció ‘graves errores’ por parte de Francia durante el periodo. Pero hasta años después, no se cerró una controvertida investigación en Francia al entorno de Paul Kagame por su intervención en la muerte del que era el presidente ruandés antes del genocidio (Juvénal Habyarimana) que dio inicio a las matanzas. Lo que continuó tensando las relaciones entre ambos países.

La llegada de Macron al poder y su voluntad manifestada de escribir una nueva página en la relación África – Francia, alejándose de sus predecesores y de la Françafrique, no ignoraba el desafío que suponía reorientar las relaciones franco-ruandesas. Además de por la relación histórica entre Ruanda y Francia, empañada por papel francés en el genocidio y las tensas relaciones desde entonces, para Macron la gran influencia de Ruanda en el continente a pesar de su pequeño tamaño, hacía necesario un acercamiento con el país. En mayo de 2018 Paula Kagame es recibido en el Palacio del Elíseo 7 años después. Poco después, Francia realiza un gesto con gran simbolismo, y no exento de críticas, apoyando la candidata ruandesa para dirigir la OIF.

En los 4 años de presidencia de Macron, el trabajo memorial franco ruandés más importante fue la nominación de una comisión liderada por el historiador Vincent Duclert que en marzo ha entregado un informe titulado ‘Francia, Ruanda y el genocidio de Tutsis (1990-1994)’. Iniciativa pionera en Francia por lo reciente y controvertido del evento de estudio. La investigación establece ‘un conjunto de responsabilidades, graves y abrumadoras’ por parte de Francia en el genocidio de Ruanda. En cuanto a la pregunta de si Francia fue cómplice de este genocidio, se indica ‘si por esto se entiende una voluntad de asociarse a la operación genocida, nada en los archivos consultados viene a demostrarlo’. La investigación en su búsqueda de verdad ilustra el apoyo francés sin fisuras al régimen hutu genocidiario (al que Francia veía como legítimo por representar a la mayoría) antes y durante el genocidio. Apoyo político y militar de forma deliberadamente ciega a un régimen racista y violento que se veía como el laboratorio de una nueva política francesa en África elaborada por François Mitterrand. Contradiciendo el apoyo a la democratización que tanto proclamaba él mismo esos años. Los tutsis del FPR se calificaron de amenaza extranjera a manos de Uganda, país anglófono. Para Francia el apoyo al régimen hutu no era solo la defensa de un amigo, sino el mantenimiento de la zona de influencia francesa en África. El informe también demuestra por parte de Francia la presencia de prácticas irregulares en la administración, cadenas paralelas de información, permanencia de estereotipos coloniales y lecturas puramente étnicas del contexto africano. Las últimas palabras del informe, contradicen las acusaciones de doble genocidio pronunciadas por Miterrand (genocidio contra los Hutus en Zaire). Tras la publicación del informe, Macron ha anunciado la apertura de los principales archivos.

A pesar de las críticas durante la formación de la comisión (ausencia de dos reconocidos especialistas, desconocimiento de la lengua local y del terreno) y las importantes zonas de sombra en la investigación (quién derribó el avión presidencial, la venta de armas, el papel del ex gendarme convertido en mercenario Paul Barril, los documentos desaparecido del consejero África e hijo de Mitterrand, la falta de acceso a la comisión parlamentaria del 98, los documentos clasificados DGSE) las reacciones no se han hecho esperar. Siendo importante la liberación de la palabra de muchos antiguos dirigentes franceses de la época, mudos durante años. Por ejemplo, el entonces secretario general del Eliseo (Hubert Vedrine), oficiales militares de la operación Turquoise o el Ministro de Asuntos Exteriores de la época (Alain Juppe). Ruanda ha reaccionado al informe indicando que constituye ‘un paso importante hacia una comprensión común del papel de Francia’. ¿Hacia dónde evolucionará la relación Francia – Ruanda? ¿Tendrá consecuencias judiciales el informe Duclert en aspectos como la noción de complicidad o las matanzas de Bisesero? ¿Se aclararán las zonas de sombra que aún perduran? ¿Y el papel del ejército francés? ¿Se desvelarán los informes ocultos?

La región saheliana

El 23 de abril en Yamena, Emmanuel Macron fue el único jefe de estado europeo en asistir al funeral de Idriss Déby Itno. Presidente de Chad los últimos 30 años, tras su muerte en el campo de batalla el país quedó dirigido por un consejo militar encabezado por su hijo. Previa disolución de la asamblea nacional, el gobierno y suspensión de la constitución. Consejo militar, en teoría, de transición, ya que el plan de ruta incluye la convocatoria de elecciones en 18 meses. La intervención de Macron en el funeral de estado no fue meramente representativa, sino que pronunció un discurso en el que demostró su apoyo incontestable al país y sus nuevos dirigentes: ‘Francia no dejará jamás que nadie ponga en causa la estabilidad e integridad de Chad’ (aunque después Macron añadió una nota sobre la necesidad de promover la transición democrática). Este apoyo incondicional de Francia al nuevo régimen anticonstitucional derivado de un golpe de estado, puede parecer inexplicable si nos retrotraemos a los primeros decursos de Macron en relación a África: defensa valores democráticos, apoyo sociedad civil…. Sociedad civil que denuncia la ascensión al poder del hijo de Iddris Deby como lo que es, un golpe de estado institucional. Sin embargo, la especial relación franco-chadiana hay que enmarcarla en el contexto de lucha contra el terrorismo en el Sahel. Para Francia, Iddris Déby era su mayor aliado (llegando incluso a ayudarle en la lucha contra rebeliones internas). El mayor temor de Francia, y otros países de la región, es la expansión del terrorismo y la inestabilidad a nuevas zonas. Por ello lo principal es que en Chad haya estabilidad, continúen liderando las fuerzas antiterroristas de la región y aporten hombres. ¿Aunque sea de esta manera poco democrática y en contra de todos los valores democrático que proclama Francia y la nueva relación que teóricamente busca con áfrica? En este caso, parece que todo vale en nombre de la lucha antiterrorista, la seguridad y la búsqueda de estabilidad en una región con gran riesgo de implosión.

La situación chadiana podría compararse con la vivida en Mali en agosto del 2020 tras el golpe de estado militar. Pero en ese caso, Macron indicaba que la constitución y el gobierno civil debían respetarse ¿Cómo justificar entonces el apoyo al golpe de estado en Chad? El poder y la influencia en la región del Mali de Ibrahim Boubacar Keïta no era comparable a Chad, pero ¿es justificable esta doble vara de medir?

El otro aspecto francés de actualidad en el Sahel es la operación militar Barkhane. Los objetivos perseguidos con su despliegue no se han alcanzado y la aceptación francesa disminuye. El enfoque de seguridad basado en una intervención militar parece probado que no es eficiente ni adecuado al contexto. Los ejércitos de la región, la fuerza G5 Sahel, incluida Francia sospechosa de haber bombardeado a civiles en enero del 2021 sobre una boda en Bounti (Mali), son denunciados por los ataques a civiles. ¿Cambiará Macron la hoja de ruta de su intervención militar poniendo el foco en la protección de los civiles? ¿Promoverá investigaciones para aclarar las denuncias dentro del ejército? ¿Reforzara la necesidad de defender los DDHH frente a cualquier interés en la lucha contra el terrorismo? ¿Se reorientará el enfoque hacia las causas profundas de la crisis?

Elecciones en África Occidental 2020

El pasado año 2020, fueron noticia las elecciones de Costa de Marfil y Guinea Conakry. Antes de llegar al poder, Macron repetía la necesidad de establecer nuevas relaciones con África rompiendo con las dinámicas pasadas. Escuchando a la sociedad civil y defendiendo el respeto de los principios democráticos. Sin embargo, su discurso frente a estos eventos electorales ejemplifica que lo anterior no se cumple, o que depende qué país tenga enfrente. Tanto Alassane Ouattara (Costa de Marfil) como Alpha Condé (Guinea Conakry), han ganado elecciones calificadas de inconstitucionales por parte de su pueblo. Tras dos mandatos presidenciales, el máximo, se realizaron cambios constitucionales. Esto, no por casualidad, ‘dejó el contador a cero’ en cuanto al número de mandatos de cada presidente y según su interpretación les legitimaba a optar a una nueva presidencia. Aunque cada país presenta unas peculiaridades, en ambos la represión contra la oposición y la sociedad civil fue constante. Frente a Costa de Marfil, país que ha sido uno de los pilares de la Françafrique, Macron justificó el 3º mandato de Alassane Ouattara como ‘un deber ante una situación excepcional’: la muerte semanas previas a la elección del candidato designado por él mismo. Según Macron ‘Ouattara no quería presentarse a un 3º mandato’. Por el contrario, en el caso de Guinea, Macron denunció que la situación era grave y no felicitó al vencedor. Ambos casos representan una clase política que se aleja de los principios democráticos e instrumentaliza el aparato del poder para perpetuarse en su puesto. ¿No debería Macron haber actuado por igual condenando la situación y la violencia? ¿Restan legitimidad estos ejemplos a su voluntad de establecer nuevas relaciones con el continente a nivel de respeto de los valores democráticos? ¿Se está dejando llevar Macron por el interés económico para Francia de una potencia regional como Costa de Marfil?

La condecoración de Abdel Fattah Al-Sissi

Posiblemente uno de los momentos más polémicos de la era Macron y su relación con África, fue la entrega de la Legión de Honor al presidente egipcio Al-Sissi en diciembre del pasado año. Quizá anticipando el impacto en la opinión pública, la ceremonia fue realizada a puerta cerrada y solo desvelada por las imágenes de la televisión egipcia. Entre los criterios de atribución de esta distinción a ciudadanos extranjeros, se encuentran la prestación de servicios a Francia o la defensa de causas humanitarias o DDHH. También puede servir como reconocimiento en el marco de una visita de Estado sosteniendo la política exterior. ¿Era necesaria esta condecoración o fue una provocación como la denominan grupos de defensa de los DDHH?

Tras el ascenso al poder de Al-Sissi en 2013, las denuncias de organizaciones de defensa de DDHH no han cesado. Detenciones arbitrarias de miembros de la sociedad civil, políticos, periodistas, activistas por los derechos LGTBI. Afectados por tortura, represión, desapariciones y falta de libertad de expresión. En muchas ocasiones en el marco de campañas encuadradas en ‘lucha antiterrorista’. Para Francia, y otros socios internacionales, Al-Sisi dirige un país considerado por muchos ‘un polo de estabilidad’ en la región que no debe convertirse en otra crisis más como la de sus vecinos libios o sirios. Además, el interés geopolítico de las relaciones Francia – Egipto es enorme en términos de inmigración, cooperación (e industria) militar, economía y especialmente lucha antiterrorista. Considerándose así a Egipto un aliado estratégico en la región.

¿Fue legítimo el reconocimiento a Al-Sissi? ¿Se dejó llevar Macron por la realpolitik? ¿Prima la lucha contra el terrorismo en las relaciones internacionales de Francia en detrimento de la defensa de los derechos y libertades de la que tanto presume? ¿Este capítulo refleja las contradicciones en política exterior entre las que se mueve Macron? ¿Intereses militares/económicos/migratorios contra defensa derechos universales? ¿O Macron simplemente quería recuperar una relación dañada por sus palabras críticas en 2019?

Restitución de obras de arte africanas

Durante el ya mencionado discurso a la juventud africana (2017) de un recién nombrado presidente, Macron anunció su voluntad de tratar la restitución temporal o definitiva del patrimonio artístico africano al continente. Para que las obras no se encontrasen solo en museos europeos, muchos franceses como el Musée du Quai Branly (70.000 objetos), y colecciones privadas. Un tema de elevada importancia, pero hasta entonces tabú. No comentado por las autoridades francesas de alto nivel probablemente por lo que implicaba asumir y reconocer el despojo del patrimonio artístico africano durante la colonización. Meses antes de la victoria electoral de Macron, el presidente de Benín (Patrice Talon) proclamó su interés en recuperar obras de arte. Pero las autoridades francesas indicaron que según la legislación en vigor ‘dichos bienes pertenecientes a colecciones públicas se encontraban bajo los principios de inalienabilidad, imprescriptibilidad e inembargabilidad’, por lo que su restitución no era posible. Tras el discurso de Macron, la solución no se antojaba rápida ni sencilla. Se iniciaba un rompecabezas jurídico, administrativo y político. Museos, coleccionistas y casas de subastas se preguntaron qué impacto tendría las palabras de Macron en su futuro.

En noviembre de 2018, Bénédicte Savoy (historiadora francesa) y Felwine Sarr (economista senegalés) entregaron a Macron un informe encargado de analizar la cuestión de la restitución de las obras africanas. En su versión final, abogan por la restitución de forma permanente al continente africano toda obra u objeto de África que en su momento llegase a las colecciones francesas de forma irregular (saqueo, expolio, confiscación unilateral durante la colonización) y que sea demandado por el país africano de origen. También se denuncia la condescendencia del argumento que indicaba que los museos africanos no cumplían las condiciones de conservación. En cuanto a los pasos a seguir, se animaba a Francia a entregar un inventario de obras a cada país africano. Después se crearían comisiones bilaterales en las que cada país demandaría qué obras quiere recuperar. Si Francia no demuestra su adquisición legitima, deberá restituirlas el país de origen. Promoviendo de forma conjunta la investigación, la recolección de información, el intercambio científico y la capacitación.

En julio de 2020, un primer proyecto de ley para la restitución definitiva de 2 obras (un sable senegalés del siglo XIX y 26 obras expoliadas por las tropas coloniales en Benín) enviadas a Francia durante la colonización fue examinado. En octubre se aprobó suponiendo un acto con gran simbolismo, más allá de todas las palabras de Macron tratando la reconciliación de las memorias. Pero aun quedan retos que afrontar, siendo esencial en Francia la aprobación de una ley general para la restitución que evite las leyes ad hoc para cada retorno. Por parte de los gobiernos africanos, la disparidad es notable en cuanto a la solicitud de restituciones. En muchos países los trabajos de acondicionamiento de museos se están realizando en la actualidad. En otros casos, la dificultad viene de la imposición de fronteras coloniales que no representan los antiguos territorios de muchos reinos expoliados. Y así dificultan establecer quien debe ser el receptor de la obra. Por parte europea, aún queda mucho trabajo por hacer para lograr que museos y coleccionistas privados se involucren en la tarea de restitución y compartan la necesidad de llevarla a cabo. Pero lo que no puede negarse, es que las palabras de Macron pusieron sobre la mesa una demanda hasta entonces en las sombras. Y ha impulsado la activación de otros países europeos que han comenzado a estudiar la restitución de obras ¿Se avanzará de forma real en la restitución de obras de arte en los próximos años? ¿Quedarán estas iniciativas instrumentalizadas por un poder que busca mejorar su imagen olvidándose el fin histórico cultural? ¿Seguirán otros países la estela de Francia?

Conclusiones

A pesar de la determinación de Macron para terminar con la Françafrique y establecer nuevas relaciones de no injerencia, la realpolitik y la lucha antiterrorista le han llevado a apoyar más o menos directamente autocracias, golpes de Estado y mandatos inconstitucionales. El ataque a los DDHH y los valores democráticos parece poder ser ignorado en nombre de la estabilidad y seguridad. Siguiendo así la estela de antiguos presidentes de la República. Más allá de sus propias contradicciones, es importante destacar otras iniciativas desarrolladas acerca del Genocidio de Ruanda y la época colonial de Argelia. Al contrario que sus predecesores, ha sacado a la luz y reconocido temas hasta entonces tabú, promovido un trabajo memorial con más o menos éxito y liberado la palabra de la sociedad. Más allá de estos trabajos memoriales, habrá que evaluar los actos tras las palabras. Pero no puede negarse un avance frente al inmovilismo de antiguos mandatarios. En otros aspectos como las restituciones de obras de arte y el fin del franco CFA, el paso delante de Macron es de valorar, pero de nada servirá si queda como una medida cosmética sin cambios profundos. ¿Podremos ver avances y novedades en el año restante de mandato?

El rap como herramienta de protesta contra las inundaciones de Pikine (Senegal)

Irene Pérez Bornstein

En varios países del continente africano, para muchos jóvenes el conjunto de prácticas estéticas y culturales que se han dado a conocer más ampliamente como «culturas urbanas» proporcionan formas apropiadas en las que, y a partir de las cuales, escriben, pintan, cantan, bailan y comunican lo que es ser joven en África y en el mundo (Niang y Niang, 2020). Para estos jóvenes africanos, y más concretamente para los senegaleses que nos interesan en este artículo, la entrada en el mundo del hip-hop equivale a la entrada en la comunidad de los «conscientes», a partir de la cual toma forma su proyecto de elaboración de un nuevo orden mundial (Niang y Niang, 2020). En el presente texto se presenta al grupo de hip-hop senegalés Eaux Secours que utiliza la música como herramienta de protesta ante las inundaciones de Pikine, un barrio humilde de Dakar, la capital del país.

Imagen del bombeo de agua de la cuenca en Pikine hacia el mar. Fuente: Naranjo (2012).

El rap en Senegal: contexto e historia

A nivel mundial, el hip-hop nació en el barrio neoyorquino del Bronx a principios de la década de los 70 en un contexto de anomia social profunda y marginación principalmente de personas afrodescendientes y latinas (Niang y Niang, 2020). En África del Oeste, el hip-hop comenzó como un movimiento promovido por las clases medias y altas, ya que eran estas las que tenían acceso a los productos culturales provenientes de Europa y Estados Unidos, y lo mismo ocurrió en Senegal. Durante las décadas de 1980 y principios de 1990, los grupos fueron evolucionando a grupos de rap, imitando y adaptando los estilos populares de música y danza de Estados Unidos.

Así, el movimiento estuvo marcado por una fuerte tendencia a la imitación, llegándose a apropiar de la cultura afroamericana (Niang y Niang, 2020). Al mismo tiempo, durante la década de 1980, los discursos incluidos en las letras de las canciones fueron evolucionando hacia discursos de protesta, coincidiendo con un periodo de austeridad socioeconómica debido a los ajustes macroeconómicos llevados a cabo por numerosos gobiernos africanos para hacer un ajuste estructural en detrimento de la sociedad (Niang y Niang, 2020).

A finales de la década de los 80, miles de jóvenes senegaleses salieron a las calles para protestar contra las medidas del gobierno en materia de educación. Algunos de ellos utilizaron el rap para expresar sus quejas. Así, la protesta se convirtió en un marcador de la cultura del hip-hop en Senegal, que poco a poco se convirtió en abanderada de las «víctimas del sistema», entre las que se encuentran destacadas categorías sociales como los jóvenes, los niños y los pobres, es decir, la mayoría de la población senegalesa, incluidos los propios raperos (Ndiang y Ndiang, 2020).

A pesar de que la primera imagen del hip-hop como el estilo de vestir, la agresividad y las formas extrovertidas causaron inicialmente un rechazo entre la población del país, la evolución durante 1990 a un rap en lengua local (principalmente wolof) y las letras de protesta han ayudado a que el rap se asentara como una herramienta de protesta y contestación. Con este impulso, la producción fue mejorando su calidad y Senegal se convirtió en el tercer país del mundo con más grupos de hip-hop, después de Estados Unidos y Francia (Niang y Niang, 2020). Los jóvenes senegaleses habían encontrado una herramienta global para denunciar los problemas de su realidad local, pero fueron más allá de representar a sus barrios con la música: usaron la música para crear sus barrios (Fredericks, 2013).

Los movimientos de hip-hop en Dakar hacen más que cambiar los espacios sociales y políticos de la ciudad, también intervienen en la en la constitución material de sus barrios, barrios que se encuentran en la periferia física, social y política del Dakar contemporáneo. Modifican los espacios físicos para alinearlos con sus ideales políticos de igualdad, democracia e importancia de la juventud (Hungerford, 2013).

Las inundaciones de Pikine

Pikine es una zona en el extrarradio de Dakar donde las personas se empezaron a instalar en 1950. En esta zona, muchas personas se enfrentan desde hace años a fuertes inundaciones permanentes, que se agudizan durante la época de lluvias (junio-septiembre). Viviendas, colegios y vías de comunicación están totalmente anegadas los 12 meses del año, promoviendo la proliferación de mosquitos, el desborde de fosas sépticas, etc. Esta situación no hace más que agravar la miseria de unas personas que han invertido mucho tiempo, esfuerzo y dinero en construir su casa, la cual se han visto obligadas a abandonar (Naranjo, 2012). Para paliar el problema se construyeron cuencas de captación en varios barrios de Dakar con bombas de extracción (ver figura 1). Sin embargo, esta solución, tuvo un carácter temporal, sin llegar a remediar el problema. Además, el tamaño de la cuenca no era suficiente para captar ni siquiera la mayor parte del agua, y el bombeo intermitente de agua a otros lugares agravó los problemas de capacidad de la cuenca, que se convirtió en una charca permanente, agravando aún más el problema (Hungerford, 2013).

Como respuesta al problema, el por aquel entonces presidente del gobierno desarrolló el Plan Jaxaay, que consistió en reubicar a las poblaciones de las zonas propensas a las inundaciones y canalizar las aguas pluviales en cuencas de captación dentro de los propios barrios, aunque el problema sigue sin resolverse, ya que las inundaciones se agravan periódicamente1 (Hungerford, 2013).

El rap como herramienta de protesta: Eaux secours

El grupo Eaux Secours (que significa «emergencia de agua» en francés) se creó cuando tres amigos del barrio de Pikine se reunieron tras la temporada de inundaciones de 2012. Los tres fundadores del grupo experimentaron esta inundación en sus propios hogares, así como en los de sus familiares y amigos, y utilizaron el hip-hop para llamar la atención sobre el problema, sacando su primer álbum en abril de 2013 (Hungerford, 2013). Cuando se les pidió que describieran los objetivos de su grupo, respondieron que su principal objetivo era la lucha contra las inundaciones, que para ellos no son sólo un fenómeno natural, sino que también se producen socialmente: sólo algunos barrios de Dakar se inundan y las inundaciones se producen desproporcionadamente en barrios pobres como Pikine (Hungerford, 2013).

En sus vídeos, Eaux secours muestran las imágenes del barrio y cómo el problema de las inundaciones afecta a las personas más vulnerables, entre ellas, los niños y las niñas, poniendo en el punto de mira las consecuencias que tiene este problema para la salud pública. Muestran edificios abandonados, aguas estancadas, aguas fecales y la densidad de algas y pequeñas plantas que crecen en estas zonas debido a la acumulación de nutrientes en el agua, cerca de la cual juegan niños y niñas (Hungerford, 2013). En Dakar, el impacto de Eaux Secours se limita a una o dos cuencas de captación mejoradas, pero la magnitud del problema de las inundaciones estacionales en estos barrios no puede resolverse con pequeños proyectos, sino que requiere una intervención a gran escala que probablemente sólo sea posible a través de proyectos gubernamentales. Eaux Secours reconoce que el problema es masivo y que sus intervenciones son limitadas, pero reconoce que la acción es la única opción hasta que lleguen soluciones más amplias (Hungerford, 2013).

Bibliografía

  • Fredericks, R. (2013). “The Old Man is Dead”: Hip Hop and the Arts of Citizenship of Senegalese Youth, Antipode. Doi:10.1111/anti.12036, pp.1-19.
  • Hungerford, H. (2013). Material impacts of hip-hop on urban development in Dakar: the case of Eaux Secours. Journal of Urban and Regional Analysis, vol. 2, p. 193 – 200.
  • Naranjo, J. (20 de agosto de 2012). Pikine, la ciudad anegada. El país. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2012/08/20/africa_no_es_un_pais/1345442880_134544.html
  • Niang, A. y Niang, A. (2020). Le rap au Sénégal entre positionnement sociopolitique et stratégies de médiatisation : une esthétique de la contestation au prisme des ordres préétablis. Revista África[s] 7(14).